Estás aquí:--ENCASTE VAZQUEÑO ( CAPÍTULO VI )

ENCASTE VAZQUEÑO ( CAPÍTULO VI )

Al tocar a banderillas, Valencia, de carmesí y plata, puso un par soberbio de poder a poder que se aplaudió sobre todo porque el toro se defendía mucho. Antolín, de morado y plata, clavó el segundo par, de sobaquillo y a toro pasado. El tercero corrió a cargo de Valencia y fue al sesgo, oyendo de nuevo muchas palmas. Durante el tercio de banderillas quedó claro que ” Perdigón ” se defendía, se arrancaba sobre seguro y conservaba mucha fuerza.

“Espartero “, de verde y oro con cabos negros, saludó a la presidencia y se fue muy decidido al animal, tomándole muy en corto y apretándose le dio seis pases con la derecha, tres ayudados, dos por alto y uno cambiado. En los terrenos del 9 señaló al volapié un pinchazo en buen sitio, pero el toro le cortó la salida y el torero, enganchado por la entrepierna, fue volteado a gran altura, Valencia le hizo el quite oportunísimo. ” El Espartero ” y su peón cambiaron breves palabras. “¿Maestro, ha sido algo ? “Estoy bien “, dijo el matador tras una pausa. Volvió al toro y volvió a arrancarse al volapié, en los terrenos del 10, algo fuera del tercio. Dejó hasta la mano una estocada algo contraria. El miura volvió a cortarle la salida y le clavó el pitón en el vientre, lanzándolo al albero con todas las tripas fuera. Quienes se lo llevaron a toda prisa dicen que se volvió a mirar al toro que caía muerto en ese momento. Toro y torero perdieron la vida a la vez, pues ” El Espartero ” entró muerto a la enfermería. A hombros de su cuadrilla lo llevaron al número 10 de la calle Gorguera, domicilio del picador Cantares. Allí le vistieron de traje negro y partió el cortejo hasta la estación de Mediodía.

Ocho caballos empenachados y enlutados portaron el féretro.

El tren de Madrid a Sevilla tuvo que parar en cada estación para que los aficionados le dieran el último adiós al ” Espartero”.

En Sevilla, el gremio de cocheros acordó trasladar gratis al público hasta el cementerio de San Fernando, donde se celebró el entierro. Fueron veinte mil personas, la mayoría mujeres, que lo pasearon a hombros. En el Café París de Madrid, colgaron una fotografía suya y los señores se quitaban el sombrero en su honor.

“Ocho caballos llevaba

El coche del Espartero;

Ocho caballos llevaban

y los ocho con plumero “.

 

Esta tragedia acabó con la vida alegre de doña Celsa.

Su hija Pilar tenía casi cinco años y se crio con sus hermanos, Fernando y Concepción, entre la Abundancia y la casa de la calle O`donell, hasta que todos se casaron. Fernando primero; Concepción se casó con Manuel Sarasúa, que también la dejaría viuda muy joven ; y Pilar con Joaquín Pareja-Obregón y Sartorius.

Los hijos de Pilar, la única de los tres que tuvo descendencia., se criaron entre la casa de sus padres, en la calle San Eloy, y la de su tía Concepción, en la calle O`donell. Los bisnietos del Espartero y de doña Celsa conservan todavía muchos recuerdos del torero, trajes y fincas, así como un dato en el libro Hidalguía, volumen 32, página 102, figura como tal el matrimonio de doña Celsa con El Espartero.

Doblemente viuda, del ganadero y del torero doña Celsa Fontfrede se dedicó de lleno a sus hijos y a sus toros que, por fin se presentaron en Sevilla el 14 de abril de 1895, más de veinte años después de su compra por don Fernando. En la presentación de los toros de Concha y Sierra en la Maestranza, quizás influyó favorablemente Guerrita, quien mató dicha corrida junto a Reverte. Casi a continuación doña Celsa lidió tres toros en Madrid a nombre de la Viuda de Concha y Sierra en la corrida de Beneficencia del jueves 11 de junio de 1896, que matan Guerrita, Lagartijillo y Nicanor Villa-Villita.

Nadie se explicaba como una ganadera que decepciona tantas veces por la presentación de sus reses siga anunciándose en los mejores carteles. La respuesta, sin embargo, resulta sencilla: en aquel momento, los toros de la Viuda, apenas desarrollan dificultades para los toreros y muchos salen bastantes nobles. Además, es de suponer que la imagen personal de doña Celsa, doblemente viuda de un rico ganadero y de un torero tan querido le beneficie en la venta de sus toros.

Pero la prensa especializada se sigue ensañando con ella, el 9 de junio de 1901, dicen que los toros fueron chicos y abecerrados. La ganadería de Concha y Sierra se considera, no obstante, como una de las más importantes del momento.

El 20 de octubre de 1901 en Madrid compite en el cartel de la corrida de la Prensa con otros siete ganaderos: Duque de Veragua, Anastasio Martín, Murube, Adalid, Palha, Villamarta y Marqués de los Castellones.

El 22 de mayo de 1904 vuelve a lidiar cinco toros en Madrid.

Fue sin ninguna duda, la peor corrida entre las doscientas mil con que obsequió la empresa de Madrid.

En 1905, doña Celsa tiene que hacer frente a un nuevo drama, su hijo Fernando, un señorito, gastaba mucho y no trabajaba, consumado garrochista, gran cazador. muere prematuramente después de una penosa enfermedad, dejando una viuda con la que ha divorciado hace poco, así como una cantidad apabullante de deudas. Doña Celsa asume el pleito que hace la viuda separada de su hijo, Dolores.

Cinco años después, se declara heredera legal de Fernando a su madre, doña Celsa, ahora si, La Abundancia la tiene en propiedad.

En 1906, el crítico ” Dulzuras ” se suaviza: Si doña Celsa cuidara algo más el tipo de sus toros, como de bravura están bien resultaría un conjunto aceptable. En 1906 en Madrid, lidia un primero bravísimo.

Sigue la ganadería cuesta abajo, no lidia ni en Madrid ni en Sevilla y el 1907 lidia solo 28 toros.

Pero en 1909, el 25 de abril, ese día, en Madrid, el sexto toro de la Viuda, de nombre ” Merino “, cogió a Gaona en banderillas sin herirlo, pero impidiéndole seguir. Saltó entonces la cuadrilla, y cuando ” Lagartijilla ” pareó a su vez, ” quedándose algo a la salida de la suerte, el toro alargó el cuello y, al querer salirse, el muchacho trompicó y cayó al suelo a muy corta distancia de la cara del toro. El Concha y Sierra hizo por el diestro que trató de incorporarse, en cuyo momento el toro le dio una cornada en el cuello, lanzándole despedido con limpieza a dos metros de donde ocurrió el percance.

La fatalidad, hizo que la mala colocación de los peones no fuera la oportuna y diligente que requería el caso.

Quedó ” Lagartijilla ” inmóvil y boca arriba unos segundos, transcurridos los cuales, el desgraciado banderillero hizo una espantosa contracción de piernas y brazos hasta la enfermería, en el semblante del herido retrataban la muerte. Gaona y Vicente Pastor, así como sus cuadrillas y varios otros toreros, velaron el cadáver toda la noche.

Luego, fueron muchos miles de aficionados los que acompañaron al infortunado banderillero hasta su sepultura, quedando presidido el duelo por Gaona, Pastor y el Gallo.

Al final de 1909 en plena decadencia doña Celsa solo había vendido 22 toros.

Al año siguiente se encuentra otra vez en el candelero y vende 54 toros. Los pastos de la marisma de la Abundancia, son los suficientemente ricos como para que doña Celsa no se gaste una peseta en dar pienso a sus toros como lo hacen sus precursores de aquellos años.

( Continuará )

 

Por Mariano Cifuentes

2019-01-24T12:59:37+00:00