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La Soledad del Toreo

” Qué complicado es ser lo que se quiere en la vida, cualquier cosa : ser en esta vida cuanto trabajo cuesta “.
A esa hora del crepúsculo, la soledad se acentúa, y el torero acostumbrado a vivir tantas horas así se fortalece como individuo y crece como persona, es entonces en esa soledad, cuando encuentra las notas que quiere plasmar en su toreo, actuando como bálsamo y como terapia para el mismo.
Pero es esa soledad es cuando el torero siente su faena y se siente emocionado, única forma – según Juan Belmonte – de que el público también se emocione.
Naturalmente, esto sucederá aquella tarde, o en aquellos precisos instantes, que, a través de quién sabe qué escondido resorte, al torero le embargue la emoción de sentirse inmerso en su propia inspiración artística, y, sintiéndose amparado con la ayuda de la suprema virtud de este arte, el temple, pueda dejar posados, en el tiempo, aquellos fugaces instantes, únicos de la faena, para que puedan ser grabados de forma indelébre en la memoria de los aficionados…..
Pero para que así sea, ¿ qué ha de suceder, además …. ? Simplemente que lo irreal – lo soñado – se convierta en real, o al revés, que lo real alcance la irrealidad……. o lo soñado. Es cuando, de súbito, el pulso del tiempo se detiene, la sensación de peligro desaparece, el deleite por la estética queda ahogada por una conmoción compartida y el torero se nos revela, no como creador de arte, sino como instrumento elegido del Arte, el torero sólo se siente atraído por los vuelos de su muleta y en estos momentos ” el toro también torea ” ; y el espectador, en trance, fundido en la conjunción perfecta toro y torero, también.
Luego, a la salida de la plaza, al torero no le es posible describir lo realizado y al espectador lo presenciado.
En estos momentos me viene a la memoria, un gran torero, Paco Ojeda.
Francisco Manuel Ojeda González, nació en Sanlúcar de Barrameda ( Cádiz ) el 6 de octubre de 1955.
Tomó la alternativa en el Puerto de Santa María el 22 de julio de 1979, con toros de Carlos Núñez y de manos de Santiago Martín ” El Viti ” y de testigo José Luis Galloso.
En Las Ventas salió varias veces por la Puerta Grande. En Francia era un ídolo. Actuó en solitario en la Goyesca de Ronda el 12 de septiembre de 1987. Aquella tarde cortó cinco orejas a una corrida de Torrestrella Se retira en 1988 por primera vez regresando en 1991.
Ha sido un revolucionario del toreo junto con Juan Belmonte. Tenía un toreo de mando, pasmosa quietud, valor y cercanía, invadía los terrenos del toro. Torero de corta pero fulgurante trayectoria. En 1994 debutó como rejoneador.
¿ Pero, porque me acuerdo de Paco Ojeda ?
Paco a orilla de la marisma, donde forjo sus sueños y su leyenda vive con su compañera más fiel, la soledad, sin dejar de escuadríñar el mundo de los ruedos, sobre los que posa una mirada inquieta.
Paco Ojeda siempre fue un hombre misterioso y, desde que renunció a vivir a plena luz, esta tendencia natural se ha acentuado todavía más. Vive rodeado por sus compañeros y amigos preferidos : quince caballos – toreros, decenas de gatos, cinco o seis perros y tres burras, cuya dulzura, dice, le transmite tranquilidad.
Contaba Paco Ojeda pasajes de sus principios taurinos : ” Un día, vi delante de la plaza de Sanlúcar a tres o cuatro novilleros que esperaban una oportunidad. Paco tendría 13 años y ellos cinco o seis más. Llevaban allí una semana y Paco pensó que jamás tendrían la oportunidad que esperaban. Y entonces les preguntó si querían torear. Sabía dónde se podían encontrar vacas viejas en la marisma, y los llevó allí.
Paco no había toreado nunca. Pero cuando llegaron, los chavales no estaban muy decididos : las vacas eran viejas y muy grandes….. Dieron algún muletazo de lejos, y luego dijeron que era imposible torear. Eso fue lo que le produjo a Paco las ganas de probar. Fue una experiencia inolvidable : se colocó frente a la vaca y le dio pases sin moverse, ida y vuelta, por el mismo lado. Poco a poco el espacio en el cual se encontraban se estrechó y comprendió que torear era llenar ese espacio y procurar ser respetado allí. Jamás olvidó esos primeros muletazos. Era como un veneno que se le había inoculado y cuyo único antídoto consistía en multiplicar las dosis. Al día siguiente volvió pero solo, debía empezar de nuevo. Así hasta que debutó. Era como un cazador furtivo que se contentaba con robar pases… En el curso del tiempo, perfecciono su técnica de aproximación. Más tarde empezó a frecuentar tentaderos. No porque le gustara, sino porque era indispensable : si quería ser torero, debía darse a conocer, Su casa era la marisma. Los ganaderos que le conocían olvidaban tres o cuatro vacas en sus sitios preferidos.
Esta apetencia por la soledad constituyó, sin duda, la mejor muralla para preservar al hombre del triunfo del torero, cuando en el mundo entero los medios de comunicación se interesaban por él y cuando le hacían las ofertas más disparatadas. ” Entre cuatro paredes se asfixiaba. Necesitaba torear en plena naturaleza “.
Muy rápidamente, desde los primeros tentaderos en los que se presentó, este torero desconocido en Sanlucar dio mucho que hablar. ” Tardó tiempo en debutar porque su padre no quería que fuera torero. Pero el rumor se propagaba de finca en finca : un tipo hacía cosas increíbles en los tentaderos, cosas jamás vistas. Rápidamente, Paco se convirtió en la pesadilla de los toreros invitados cuando le veian sentado en la tapia, esperando su turno para salir después que ellos. ¡ Y a pesar de que las vacas las dejaban exprimidas, cuando bajaba por fin, formaba un gazpacho a todas. Un día en casa de Manuel Prado, le pusieron a prueba. Los ganaderos decían que sería incapaz de hacerle a un toro lo que le hacía a las vacas. Estaban varios hermanos Domecq y habían encerrado varios toros para verle ¡ Qué tarde les dió ! Estaba allí también Camará y se ofreció a apoderárle. Una vez a fuerza de dominar una vaca grande y muy armada, logró intimidarla hasta el punto que se escondía detrás de él para no ver más la muleta.
Otro día Victorino, en un tentadero le decía que le diera distancia a la vaca. Y Paco le respondió que era ella la que tenía que dársela. Después, Victorino era uno de sus grandes partidarios así como don Eduardo Miura el padre de los ganaderos actuales, en Zahariche tentando salió del burladero y se adelantó hasta el medio de la plaza para observar más de cerca.
En estos momentos reconoce que tiene mucha más experiencia, pero no tiene la fuerza de antes para realizar las cosas inéditas que lleva en la cabeza.
En el ruedo no existe reconocimiento póstumo. La soledad de las cimas, Paco Ojeda la buscó en la marisma…. y todavía la busca.
Antes comentaba Paco, había una gran diversidad de encastes y todos embestían : Santa Coloma, Atanasio…. Hoy todo es uniforme.
Aprendemos a dar pases , pero no a sentir el toreo. Lo que tú haces de manera natural, es lo que haces toda la vida. Tu intuición y tu inteligencia dictan tu toreo.
 Hoy los toreros se copian unos a otros. Mientras que lo importante consiste en mejorar lo que te pertenece a ti.
A Madrid, llegó cargado de ilusiones. Sabía lo que quería hacer, y se lo hizo a un toro de Cuadri. Este tipo de toro fiero iba con su carácter. Hubo también un toro de Terrubias y el público de Madrid le apoyó. Es difícil hacerse un mito en Las Ventas en cuatro corridas. Y no era porque faltara gente que se arrimara. Hay que lanzar la moneda al aire, cara o cruz, para ver quién va a ganar. No hace falta más. Rapidez, decisión y seguridad.
Paco Ojeda hoy, hace de la soledad deseada y asumida, en su marisma, el único medio de resistencia que pocos hombre son capaces de afrontar.
Por Mariano Cifuentes
2018-03-21T14:34:13+00:00