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Mucho ruido y pocas nueces

Cuando llega la temporada de fallas parece que Valencia adquiere un color especial, por unos días salimos de la rutina del invierno, y sacamos a pasear nuestro espíritu. Todavía me pone la piel de gallina el olor a pólvora, ese pequeño jaleo que se forma para ver las trabajadas fallas y esa incertidumbre que crea para ver quien ganara este año.

Me iba a la plaza con arte, hasta por un momento pensé que iba hacer yo mismo el paseíllo. Salude a mis compañeros de aficionados prácticos, y con devoción me dirigí al tendido. Una fe inconmensurable tenía en esta tarde.  Siempre prefiero ser positivo que negativo, creo que hay que tener fe un poco. Aunque una cosa es ser positivo y otra tragar con todo sin decir nada. Uno hay cosas que tiene que decir no por atacar, sino por ayudar a mejorar a la persona.

Tarde accidentada la que se presentó hoy en Valencia, sustos, cogidas, vueltas de campadas, novilleros en plancha, rotura de manos. También una tarde muy marcada con la mala gestión de los aceros, bajonazos infumables, atravesados, sucesivos pinchazos y demás. Borja Collado nos estremeció con esa dura voltereta que le propicio su segundo novillo, pero digo yo… -iluso de mi…- que hace recibiendo al toro a la hora de matar, si todavía no domina en “demasía” la suerte suprema. El final fue un bajonazo infame como estocada y una voltereta de infarto que gracias a Dios no fue un percance más serio. Primero empecemos por ejecutar la suerte bien, y luego con la seguridad que te da dominar algo le vamos aplicando cosas nuevas, no queramos empezar la casa por el tejado.

Los novillos de El Parralejo, con sangre domecq via Jandilla, salieron noblotes, trotones, mansitos, sin demasiada clase y sin demasiado interés. Salvo la novillada el primero, un novillo bravo en los tres tercios, que fue a más en la muleta al que el torero mexicano Diego San Román no supo hacerle faena, pensó que ese novillo era “la tonta del bote”. El novillo tenía mucho que torear, y le advirtió en dos ocasiones, hasta que en la tercera que se destapo le pego una cornada en el gemelo, cabe destacar las agallas que tuvo para volver sin inmutarse. Quiso intentar sacarle algo más pero entre la cornada y las dudas se fue a por la espada. Mal con los aceros, una tónica que se repite entre los seis novilleros que han saltado al ruedo de la calle Xativa estos dos últimos días.

Los novillos venían tocaditos de casa, unos más que otros, pero dos especialmente muy visibles. Ningún favor se le hace a la fiesta aceptar esta falta de integridad. Un torero al igual que un novillero sabe a lo que se expone, pero la plaza de Valencia merece un respeto al igual que todos los aficionados que pagan su entrada. Los de ayer también venían tocados, todos acabaron astillados sin apenas rozar a los burladeros y los petos. Esto debería hacernos reflexionar, y pensar que la tauromaquia esta para respetarla, que es más grande que cualquier personaje o figura y que está por encima de todos.

Del tercio de varas mejor no voy a entrar porque es un bucle que se repite, tarde tras tarde, siempre igual de mal.

Me gustaría decir que los novilleros valencianos estuvieron formidables pero no fue así, Miguelito con 3 novillos estuvo muy verde, y la culpa no la tiene el chaval, sino quien se empeña en precipitar su carrera. Quedo en evidencia varias veces, y se le noto que se inspira mucho en esta tauromaquia 2.0. Se perfilo en exceso, nunca se cruzó, siempre al hilo del pitón. No voy a ser cruel porque me parece un atropello a la sensibilidad, tiene ganas e ilusión pero le falta personalidad, una palabra que define a todos los toreros que han pasado a la historia.

Borja Collado tiene un punto más que su compañero, pero tiene un defecto que se nota en demasía y todavía es un novillero, nunca carga la suerte, salvo el primer muletazo. Una costumbre muy feo que cada día se acepta como si no pasara nada. Solo le pudimos ver en el segundo pero dejo una sensación agridulce. Si me tengo que quedar con algo de este novillero es con la pedazo cuadrilla que lleva entre sus filas, tanto Raúl Martin como Arévalo están muy por encima de la media. Le dieron una oreja por una voltereta. A este en Madrid se lo comen.

En mi casa se dice que un azote hoy puede salvar un disgusto el día de mañana, que se aplique el cuento los que le comen la oreja a estos novilleros y que le digan cómo se tiene que torear realmente. Que no le llenen la cabeza de pájaros, porque el día que caigan va a ser más duro. Todavía están a tiempo tanto de replantearse la carrera como de echarle bemoles y torear con los cánones en la mano. Seguro que si hacen eso empezaran a sonar cada vez más fuerte.

 

Por Raul Muñoz

Fotografia Templaito

 

2019-03-12T20:37:50+00:00