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SERGIO FLORES: EL PALADAR DE UN GRAN RESERVA

Hubo extrañamente una entrada muy floja en lo que fue la cuarta corrida de la Temporada Grande 2018-2019. El cartel se antojaba para una gran tarde de toros y una afluencia nutrida, pero las circunstancias non fueron tales.
Se lidió una corrida de la ganadería de Xajay propiedad del Arq. Javier Sordo que destacó en presentación. A los toros se les notó la edad y aunque fue complicada y sosa, cabe destacar que es precisamente ese punto de la edad lo que pone la seriedad y el dramatismo cuando las cosas suceden.

Diego Urdiales era muy esperado en la México y es que cada vez mas son los aficionados que están pendientes de los sucesos del Viejo Continente y fue muy nombrada su actuación en Madrid.
Recuerdo un comentario en voz alta entre los vecinos de tendido. -“Cómo ha estado este hombre con los Victorinos”- y replicaba su compañero, _”Estos son los toreros que deberían anunciar más seguido, es un artista ¡y con lo que mata allá!”-
Pero no pasarían ni dos horas para un cambio rotundo de opinión.
-“Este vino a cobrar y no tiene vergënza, ahora resulta que los de Xajay se lee complican ?”-
Y contestaba el otro: -“Me lo cambiaron! Te prometo que yo lo había visto muy bien”-
El público que es el que manda y quien paga un boleto por ver un espectáculo, no es tonto y en sus palabras queda sellada su verdad!
Hoy Diego Urdiales cumplió con presentarse en el Coso más grande del mundo. Sabemos de sus grandes cualidades y obviamente nos regaló tersos trazos sobretodo en su primero, que, con cierto recorrido, escribía el prólogo de una novela que poco contenido tuvo. Mató certeramente para ser ovacionado. Pero aún en este momento la gente decía -“¡espera! Le queda otro. ¡Ya lo verás!”-, a lo que le respondía su colega, -“si éste hace lo que hace con los Miura, imagínate”-.
Salió el cuarto, un toro muy soso y sin recorrido que no tenía gran cosa que ofrecer. Con una sobrada falta de inspiración salió el hispano como ya dijimos antes, a cumplir. Pero diría el maestro Benítez Carrasco. “Es que el toro no veía… es que el toro de caía… es que el toro no embestía… es que el toro… es que el toro…
Había toros en el ruedo pero no disposición y si bien sabemos de la capacidad de Urdiales y cómo puede hilvanar el hilo más fino y bordar un terciopelo corrugado, ha atascado la aguja y la perdió dejando al público en espera.
Hubo de matar al quinto de la tarde, ya que Octavio García fue herido en su primero y no salió para su segundo.
Quisiera que la pluma escribiera dejándose llevar por el aliento, pero se atora en el papel porque no hay nada más que decir. “Tarde gris”, como el tango de Mores y Contursi, pero sin nostalgia y sin llanto. Y lo último que recuerdo de mis compañeros de asiento.
-“Éste que se regrese a España en el próximo vuelo y no vuelva”-
Así las cosas.

Octavio García “El Payo” venía a reaparecer de la cornada que recibió en la corrida inaugural y que aún lo tiene visiblemente mermado.
Si debió torear o no, eso es completamente subjetivo, pero la gente no está enterada de los detalles, no sabe que el torero está haciendo un esfuerzo por cumplir sus compromisos y quizá no debería ser así pero lo es. Con todo respeto, si no se encuentra uno al 100%, más vale perder una fecha, que la credibilidad y el respeto del “respetable”.
Salió dispuesto ante un toro con inminente peligro y como un curioso detalle, se dirigió hacia el palco de los servicios médicos a brindar su actuación al jefe de los mismos, el doctor Rafael Vázquez Bayod quien recientemente lo había atendido del citado percance y que habría de volverlo a atender en unos minutos. Al iniciar su faena de muleta, el toro mostró que sus amenazas no eran solo un contexto verbal pues a la primera de cambios le tiró un certero derrote que ahora sabemos le rompió las costillas. Fue a la enfermería y tras unos minutos se anunció por el sonido local que saldría a matar su toro. Así fue y el público parecía agradecerle pero mostrando ese dolorido semblante se tiró a matar fallando y ocasionando que esa actitud agradecida se volteara en su contra. Efectivamente quería hacer un esfuerzo y eso es muy digno, pero… el público impaciente no lo supo traducir y se metieron duro con él. Ahí es donde entra la pregunta. ¿Debió torear?
Un año de mala suerte para Octavio.

Sergio Flores es como dijera el vulgar dicho es “harina de otro costal”.
Hace unos días platicando con el diestro hidrocálido Juan Pablo Sánchez acerca de su próxima presentación en la temporada nos decía. -“La Plaza México es tan importante que si un toro no te embiste, la obligación es embestirle a él. Es la plaza a la que no le puedes fallar”-
Y esa fue la actitud del tlaxcalteca Sergio Flores. Es curioso hablar de vinos cuando se desconoce un poco del tema. Sobretodo porque hablamos de notas, frutales, a tabaco, a moras, a maderas, incluso a especias. Y lo más interesante es que nunca hablamos del sabor de la uva. Jamás hay notas de uva. Y esto se refiere a la tierra en la que la vid crece. La calidad, la humedad, el sol, el medio, la cercanía entre plantas, todo influye en la calidad y nariz de un vino. Y hoy en la México lo que pudimos paladear fue el grato gusto de un Gran Reserva. Sergio está en uno de los mejores momentos de su carrera. Eso es definitivo. Cada día qué pasa esa esencia forma un fondo con sentido. Salió decidido, a decir “aquí estoy yo” y es que a pesar de las condiciones de un toro que sacó el genio y quiso ponerlo en aprietos saliendo por delante. Con madurez e inteligencia supo decantar los muletazos uno a uno, logrando emocionar sobremanera a la parroquia que entendió esa pasión desmesurada de quien deja su vida en un juego de placer.
Cimbró los tendidos que acompañaron como en un coro los olés al pausado tiempo del temple que infringió en el burel Sergio. Dominándolo y mostrando ese momento en que se encuentra y que me llama la atención de un Protos Gran Reserva del 2005. Y ya diremos la razón!
Lo ha matado sin suerte y a pesar del clamor, todo quedó en una muy merecida salida al tercio.
Su segundo tendría el climax de la corrida. Un toro, quizá el de menos presencia que abusó de sosería y que podría haber pasado desapercibido o sin dejar huella pero Sergio necesitaba dejar ese sello de constancia, de determinación, como la de ese buen vino. Un Ribera del Duero de uva tempranillo que nace en un viñedo de 60 años y permanece 24 meses en barrica de roble para luego pasar por lo menos 36 meses en botella, girando cada día para conseguir ese tono cereza con borde granate. Lo que nos habla de esa previa preparación de Sergio, quien denota completamente su compromiso con la Fiesta. Ese aroma de especias, tostado, con fruta madura y complejo en sus formas, que con El Paso de cada minuto deja un bouquet apreciable. Así potente, suave, envolvente y aterciopelado fue el quehacer de Flores, y es que ya llegó a ese momento en que sus taninos dejan un retrogusto, un gusto y un postgusto en la memoria, en la boca, y en el ruedo. Son las tardes que no se olvidan. Donde la entrega nos llena los sentidos por completo. Donde un muletazo puede valer un boleto y en dónde nace la Esperanza que nos hace pensar que mientras un torero esté así, ¡La fiesta nunca morirá!
Una merecida oreja tras un pinchazo que vale más que El Oro del moro.

Por Alexa Castillo.

2018-12-03T17:39:54+00:00