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Triunfa “El Calita” en la México. Fabián herido!

Por Alexa Castillo

Entre los regalos de los reyes, el regreso de las vacaciones, y los gastos navideños , una triste entrada se registró en el “Coso Máximo” en una tarde con clima apenas fresco. Se lidiaron 7 astados de la tlaxcalteca dehesa de “Rancho Seco” que estuvieron disparejos en presentación, la mayoría acudió al caballo y muy diversos en el juego desempeñado. Hubo uno de regalo de Monte Caldero impresentable y deslucido.

Se retiró tras 38 años como profesional el picador Ricardo Morales “El Güero de la Capilla” dando una vuelta al término del tercer toro, siendo su nieto, el también picador César Daniel Morales quien le retirara la espuela.

Fabián Barba es un torero que lleva años batallando por ocupar un lugar digno en esta difícil profesión. Y al que la carrera le ha costado múltiples percances. Un hombre que le ha demostrado a todos los empresarios su capacidad y afición. Y no se si haya llegado en su vida a un momento de hartazgo, pues cortando orejas y jugándose la vida como lo hemos visto incansablemente, no ha recibido el apoyo necesario para subir los peldaños. Siempre vuelve a carteles de mediana catadura y ya puede pasar el mundo por encima que sigue estancado en ese pozo del que lleva años sin salir. Y comento lo anterior ya que sus trazos no fueron los mismos. Aunque las agallas no le faltan, hoy había en su pincel tonos oscuros, grisáceos, que denotaban un estado anímico diferente al de temporadas anteriores. Su primero, un bonito ejemplar, saltó de salida al callejón causando un alboroto, y aprovechó el momento Barba para rodillas en tierra hacer una explosiva recepción. Hubo momentos a lo largo de este cuadro plasmado en el ruedo de la plaza con brillo y sensatez, que sin duda impregnarían el ambiente con la esperanza de una tarde triunfal. Una voltereta al encuentro final estremeció a los tendidos que clamaron por la oreja, un tanto emocionados por el dramático momento recién acaecido.

En su segundo es donde a mi me entra esa duda de la reflexión antes señalada, pues sin ser la panacea, el toro tenía la suficiente sustancia para poder firmar su obra con mayúsculas. Y los trazos comenzaron a perder esa emoción, esa firmeza y esa ligazón, para introducirnos en mundo muy lejano al de ese hombre capaz de todo por mover las montañas. Edvard Munch es uno de los pintores expresionistas más representativos y quien logró plasmar en su obra el desgarre de las entretelas del alma, como en una de sus más importantes obras, “El Gritó”, donde el más carente de emociones, se embebe. Donde se manifiesta la angustia, la sosobra y el sinsentido. Yo vi los irregulares trazos de este artista en la muleta del torero, y seguramente no fui la única, ya que la empatía no se hizo presente provocando el descontento de los asistentes que le protestaron, ovacionando el cuerpo inerte del burel a lo largo de su arrastre.

Regaló uno de Monte Caldero, que en los medios de la plaza lo ensartó como el hilo en la aguja, mostrando su poderío y la capacidad de volcar las exaltaciones de la euforia a la tragedia. Fue trasladado inmediatamente, con dos cornadas, una de 35 cms. Y otra de 15.

Este Caldero fue muerto por el segundo espada, quien abrevió, luego de que el toro rematara en el burladero de la porra lesionándose y quedando prácticamente inutilizado para la lidia.

Ernesto Tapia “El Calita” dio la nota, venía muy preparado tanto anímica como físicamente para dejar en evidencia ¿qué es querer ser torero?

Si me pongo a pensar en algún vino que me de este toque que percibí en Ernesto sería definitivamente en vino espumoso, un vino que explosiona en la boca, que despierta el paladar a un sabor diferente, nuevo, con propuesta, arrebato pero fondo, ese que queda impregnado y va cambiando conforme en la copa respira la bebida. Y es que el torero tuvo esos sendos recortes con el capote que transmitieron y despertaron a la concurrencia. Tuvo la capacidad de someter a su enemigo profesando cátedra, y sin embargo con la frescura de alguien novedoso que tiene mucho que aportar. Las notas cambian a cada momento y en un espumoso aún más, pues la temperatura va subiendo conforme nuestra mano roza con suavidad el envase. Y así subía la de la plaza, que respondió exigiendo la oreja al palco de la autoridad tras senda estocada.

Su segundo, un toro complicado no fue la excepción. Un torero con oficio que estructuró como un sommelier experto los tiempos precisos. Ese paso por barrica es evidente cuando el vino llega a la nariz, ya que es ahí donde realmente se puede evaluar la calidad y cuando perdura, se graba en la memoria por siempre. Largueza y profundidad que se sienten y brotan en los coros de ambos tendidos para exclamar el estupor. Lamentablemente erró con el acero para escuchar dos avisos.

A su vez regaló un octavo de la misma procedencia con el que habría de romper las barreras y transgredir los límites para mostrar al mundo que ahí hay un torero capaz y que lo único que necesitaba era el escenario ideal. Cava Albert de Vilarnau Chardonnay es uno de los galardones de González Byass. Ha pasado más de 36 meses en barrica y 48 meses en botella, lo que le da una madurez como la que hemos visto esta tarde. Finas burbujas de lenta ascensión. En nariz tiene una gran complejidad aromática, aparece mucha fruta blanca entremezclada con frescas notas cítricas y fragantes florales, mientras que en boca posee una entrada amplia y muy agradable. El Paso es algo graso y muy sabroso. Justa acidez que le proporciona una agradecida frescura.

Y aunque a veces pudiera no tener nada que ver es que nos deja un buqué especial. Para quienes hoy asistimos a la plaza este joven es una esperanza, una posibilidad y ebullen las burbujas como la sangre misma que nos dice que aún hay una historia por escribirse. Y si bien habrá cosas que asentar en las formas, lo hecho esta tarde es como la explosión del gas que escapa por la botella cuando se abre para hacer una celebración como la que seguramente hoy estará, tras el corte de una oreja más, realizando “Calita”.

Por respeto a su compañero herido no salió a hombros.

Diego Sánchez pasó por la plaza más grande del mundo sin pena ni gloria. Le vimos carente de sentido para desarrollar la sinfonía.

Con pocos aciertos en la afinación y algunos otros en la cuadratura. Cómo una flor en capullo a la que el vendaval puede llevarse con facilidad vimos deshojar los pétalos que aún no brotaban.

Le habíamos visto algunas tardes interesantes con aportes puntuales pero en definitiva la México no es el aula de estudio, es la Catedral donde se profesa la ceremonia ritual más sagrada y hay que estar muy preparado en todos los sentidos para no proferir un insulto.

Tuvo momentos en su primero sin lograr hacerse del animal y en el segundo de su lote donde otros dos guerreros habían ya anunciado sus regalos, intentó desesperadamente agradar consiguiendo la simpatía de un sector pero sin profundizar y enganchar a las alturas por esas carencias que seguramente el tiempo corregirá.

 

2019-01-07T18:23:18+00:00