Más allá de los Pirineos, adentrándose en la Francia rural, tan francesa, tan pintoresca, tan taurina, se erige una pequeña localidad que se ha destacado en el mapa, a partir del incansable trabajo de unos cuantos aficionados. Vic ha sido, es y será estandarte del toro bravo, fiero y encastado. Su defensa y promoción han hecho que ese pueblecito sea conocido por cuantos admiramos al Toro en mayúsculas. Fiel a su esencia, tras anunciar las ganaderías en el mes de enero, la Comisión taurina hizo públicos, hace escasos días, los carteles. A nadie dejan indiferentes, pero sobre todo suponen una bocanada de aire para la Fiesta. No hay mejor defensa que una plaza llena y un espectáculo íntegro.

 

Sin duda hay dos elementos que distinguen y reconocen a Vic-Fezensac por encima de cualquier otra Feria que pueda organizarse en el mundo taurómaco: la integridad del toro y el tercio de varas. Para el primero de sus ingredientes, se reseñan tres corridas completas del campo bravo español, seis animales de distintas ganaderías para la concurso y una novillada. Repiten los que estuvieron bien y no vuelven los que no. Pura meritocracia. A diferencia del año anterior, hay una menor presencia del encaste Santa-Coloma. Cae el desafío ganadero de Valdellán-Los Daños. Y, en la concurso, se da entrada a dos ganaderías de distinta procedencia, cuya leyenda sustenta buena parte del mito de la tauromaquia: Partido de Resina y Saltillo. Solamente, repiten Pedraza de Yeltes y El Retamar, para la novillada, cuyos novillos aún son alabados por los asistentes. Se da entrada a dos ganaderías predilectas del duro y sabio aficionado francés: Dolores Aguirre y Cebada Gago, cuyos animales reseñados son verdaderas pinturas, láminas. Tal vez ambas ganaderías no atraviesen los mejores momentos en sus respectivas trayectorias. Sin embargo, siempre constituyen un aliciente para el aficionado. Además, este se multiplica por mucho si se analiza sistemáticamente respecto de toda la Feria, cuya conclusión es una: variedad de encastes. Vic constituye, este año, una oportunidad única para apreciar hechuras, capas y comportamientos completamente distintos, a veces incluso situados en las antípodas. El lucimiento del toro, sin embargo, no sería posible sin un alguien indispensable: Bonijol. La historia de esta plaza y el nimeño son inseparables. El santo y seña de Vic es el tercio de varas y el toro, y con ellos: Bonijol.

 

En el apartado de los de luces, repiten o se anuncian los habituales en estos circuitos. Algunos repiten y otros no, presencias y ausencias, más o menos, justificadas. Un aliciente principal es, sin duda, Emilio de Justo. Torero revelación en la temporada 2018. Capaz de triunfar con distintos tipos de ganaderías y sin importarle sus compañeros de cartel. Ejemplo de profesionalidad y honradez. En la temporada de su gran oportunidad para situarse en el escalafón, no ha vuelto la cara a sus compromisos habituales, que no son los más apetecibles para un torero. Sinceramente. Pero Emilio es diferente, ahí está “su” san Isidro. No se puede obviar, ni mucho menos, la presencia de Octavio Chacón. El gaditano es el mejor lidiador de la actualidad. Forjado en el terrorífico Perú taurino. Siempre ha cumplido en el Valle de Terror español y en la Francia taurina. Conocedor de ganaderías, encastes, terrenos… y todo aquello necesario para afrontar, y salir vencedor, en la lidia del toro bravo. También hará el paseíllo Rubén Pinar. El albaceteño lleva muchos años apuntando a lo que puede ser su futuro, su lugar, en la Fiesta. Dejó muy buen sabor de boca en su primer festejo esta temporada. No me quisiera olvidar de toreros como Gómez del Pilar, López Chaves, Manuel Escribano… Todos ellos justifican su presencia en esta plaza y donde quiera que se anuncien. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de Daniel Luque y Juan del Álamo.

 

Por todo ello, Vic-Fezensac vuelve a reclamar la atención del aficionado un año más. Consecuencia innegable del trabajo desinteresado de un grupo de aficionado. Gracias. Y, sobre todo, mucha suerte, vuestra suerte será la nuestra.

 

Por Francisco Díaz.