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VULGARIDAD EN LA PRIMERA CORRIDA DE LAS NACIONES

Por Luis Cordón. Fotografías de Plaza 1.

Monsieur Gafapasta, excelso vendehumos que hace las veces de taurinejo bajo el palio del empresariado y el apoderamiento, no sabe ya ni qué sacarse de la manga para llamar la atención del cliente. La última ha sido la de esta tarde: un festejo de seis matadores de las diferentes naciones donde la Tauromaquia tiene gran apogeo, para lidiar un toro cada uno. Algo así como un festival, pero vestidos de luces en lugar de lucir traje de corto, y con bóvidos con edad reglamentaria a lidiarse en corrida de toros. Edad, que no trapío. De esto último, de que era una corrida de toros y no un festival, no se ha debido de enterar don Moisés Fraile Martín, ganadero de El Pilar, quien ha decidido embarcar seis novillitos muy tulliditos a la que un día fue Primera Plaza del Mundo, muy aptos para unas novillada con picadores o para un festival benéfico en cualquier plaza, pero no para toda una corrida de toros.

El invento, llamado Corrida de las 6 Naciones, acabó saldándose en un festejo tedioso y aburrido que, lejos de rendir merecido homenaje a la universalidad que tiene la Fiesta de los toros desde tiempos inmemoriales, acabó rindiendo un bonito tributo a la neotauromaquia del pegapasismo burdo y el torito chico y descastado que emociona lo mismo que emocionaba el paparrucho ese metido a palabrero de Emilio Muñoz cuando actuaba en esta plaza y ante la antigua afición de Madrid, la cual en sus tiempos de seriedad nunca le tragó, y que menos le traga ahora desde que suelta mamadurrias desde su poltrona de Canal Plus, acompañado de un redil no menos pesebrero que él.

La de El Pilar vino muy mal presentada por chica, vareada y mal hecha, no fue excesivamente castigada en varas y tampoco peleó en los jacos con excesivo poder, aunque sí hubo uno, concretamente el segundo, que llegó a meter riñones en la primera vara y cumplió en la segunda. En lo que importa en el siglo XXI, que es el tercio de muleta, sirvió más que menos y hubo ejemplares que ofrecieron algunas arrancadas óptimas para hacer el toreo, cosa que nunca ocurrió, peticiones de orejas y vueltas al ruedo por toda la jeta aparte.

Los seis toreros que rindieron este tributo a la universalidad de la Fiesta de los toros vinieron respectivamente desde Francia, Colombia, España, Perú, México y Venezuela. Seis naciones, un mismo patrón de toreo vulgar y ventajista que ha sido copiado de los ídolos que conforman el escalafón toreril de la nueva Tauromaquia. Y en estas abrió plaza la representación de Francia, el señor Juan Bautista, en su última tarde de las tres que ha actuado en esta feria, viéndoselas ante un torete flojo, bobalicón y descastado al que muleteó con poca alma por ambos pitones y haciendo gala de las finas posturas que gasta este torero, siempre aliviado y a media altura para evitar que el animalico se dejara la mandíbula sobre el albero venteño. No se demoró en exceso ante semejante babosa Juan Bautista, cosa muy acertada, y lo quitó del medio malamente con dos pinchazos, estocada corta y descabello.
En segundo lugar, Colombia de la mano del ya veterano Luis Bolívar, para quien los años no pasan en balde, como bien demuestra su entrepelada cabellera. Su toro peleó con franqueza en la primera vara y cumplió en la segunda, arrancándose de lejos en ambas aunque acudiendo poco a poco a la segunda, y siéndole muy aliviado el castigo en esta última. En su quehacer muleteril, Bolívar se llevó un porrazo tremendo cuando se doblaba para comenzar la faena, afortunadamente sin consecuencias graves que le impidieran continuar. Después de esto, pegó algunas series de muletazos con la mano zurda que brillaron más por ser despegadas y siempre echando al toro fuera, que por otra cosa. Cambiose Bolívar la muleta a la mano diestra, lado por el que el toro empujaba con mucha más claridad, dejando trallazos metiendo muchísimo el pico y sin lograr tirar del toro hacia dentro y someterlo por bajo. No consiguió Bolívar en ningún momento acoplarse a la embestida del toro del Pilar, más que aceptable para el lucimiento, en una faena larga y muy apagada en la que Bolívar estuvo muy por debajo de su oponente. La estocada que dejó fue caída y atravesada.

El tercer novillejo de la tarde fue a parar a las manos del paisano, Juan del Álamo, quien lo dejó al relance en las dos varas que tomó sin preocuparse lo más mínimo de ponerlo en suerte. La labor de Juan del Álamo en la muleta, se puede resumir en que su elegante y fino vestido blanco y plata quedó prácticamente tal cual, casi sin rastro de sangre. Derechazos y naturales citando fuera y tirando un nada decoroso latigazo hacia fuera desarrollaron el pobre quehacer de del Álamo ante un torete muy noble y dulce que también estuvo por encima de su matador, quien en ningún momento consiguió altas cotas de lucimiento. Mató de dos pinchazos y estocada caída y atravesada.

Perú también estuvo presente en esta tarde, de la mano de Joaquín Galdós para más señas, quien estoqueó al cuarto, poco castigado en el primer tercio y que desarrolló una condición interesante en la muleta. Noble el animal y con cierto picante, no le puso las cosas fáciles a Galdós, quien sufrió algunos arreones al quedarse con la ventana abierta cuando lo pasaba con la mano derecha. No consiguió tampoco tirar del toro con mando y suavemente por el lado la izquierdo, y vuelta a coger la derecha para aburrir al animal y a la concurrencia a base del pegapasismo 2.0 que impera. Sainete con la espada y más pena que gloria para Joaquín Galdós en esta su única comparecencia de la feria de San Isidro 2018.

Adame, Luis David, fue el mexicano de la tarde, y lo cierto es que, a ojos de este humilde servidor, dejó un momento maravilloso en su actuación. Un quite por navarras al cuarto de la tarde tuvo la culpa. ¡¡Navarras!! ¡¡Un quite por navarras!! ¡¡Un quite torero de verdad, de los de antes, alejado de esas cosas raras de chicuelinas mientras se despatarra uno, latigazos con el capote a la espalda, o trapazos de esos por arriba como si el capote fuera un ala-delta!! Lo demás por su parte, en su turno ante el quinto, no tuvo la menor relevancia. Fue este quinto un torete bobalicón, pastueño y de condición aborregada que salía de cada muletazo mirando a las musarañas. Adame Mediano porfió por ambos pitones en una faena demasiado larguita, en la cual nunca se colocó en el sitio ni consiguió tirar del mulo. Acabó con las bernardinas que nadie pega para terminar su correspondiente faena, y estocada caída además de atravesada, celebrada con un entusiasmo inversamente proporcional al que desató la faena, la cual se vivió casi en un ambiente de indiferencia profunda. Pero, para sorpresa del unos pocos, se pidió la oreja aun no habiéndose aclamado ni una sola serie de muletazos, pero el señor Magán veló con escrúpulo por la seriedad de esta plaza e hizo caso omiso de la petición. Se pegó Luis David Adame una vuelta al ruedo mucho más protestada que aplaudida. Bonita jeta, por cierto.

Y cerró plaza e inventor este de las 6 Naciones el venezolano de la terna, Jesús Enrique Colombo, a su vez sensación novilleril de las últimas dos temporadas. ¿Se puede preguntar por qué tanto revuelo por tan poca cosa, o quedaría como algo que solamente preguntaría un mar afisionao?
Que al muchachete no le faltan ganas ni actitud para agradar, pero otra cosa es que dos largas cambiadas de rodillas como recibo, capotazos que no terminan de fijar al toro, chicuelinas que acaban siendo un “¿la ves? Pues ya no la ves”, pares de banderillas a toro muy pasado, rehiletes clavados uno en mitad del espinazo, otro en el morrillo, un par en el guarismo; y todas esas cosas más de plazas portátiles que otra cosa, sean la manera más oportuna de agradar a la afición de Madrid. Tuvo el sexto del Pilar tambien muchas opciones de lucimiento en el último tercio, las cuales Colombo, visiblemente mermado por un derrote en la cara cuando comenzaba la faena, no aprovechó. Muchos pases, sí, pero enganchando al toro con la muleta muy retrasada, y corriendo la mano no más de diez centímetros para acabar rematando el muletazo hacia fuera, fue en lo que se basó el nulo quehacer de Jesús Enrique Colombo en esta tarde. Mató de estocada muy baja, pero ni eso fue impedimento para que, de nuevo, asomaran los pañuelos con intención de premiar una faena sin el más mínimo interés. Después de saludar Colombo desde el tercio una ovación con poca fuerza… No, no se fue a las tablas, se pegó la vuelta al ruedo por todo el morro sin que nadie, y cuando digo nadie es ni sus banderilleros, se lo reclamaron. Y la pitada por ello, como no pudo ser a otra manera, fue de órdago.

2018-06-01T08:40:41+00:00