El pasado martes, 30 de enero salió aprobada del Consejo de Ministros, la propuesta presentada por el Ministro de Cultura, declarando La Zarzuela como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial Español. La motivación para este acuerdo estriba en que este género musical con una antigüedad de cuatro siglos, tiene el sello de identidad de la cultura española. En este teatro-musical nuestro se insertan los temas populares españoles de todas las regiones por lo que está dentro del imaginario cultural español, que cuenta con obras maestras cuando se ha unido la inspiración escénica y el valor musical puesto a contribución por los mejores  compositores de la época. El género de la zarzuela, se expandió por Hispanoamérica  por la vinculación con nuestra historia y nuestra lengua, originando comedias líricas a su imagen y semejanza en aquellos lejanos países, sobre todo en  Cuba, con autores tan reconocidos que bien podían competir con los compositores españoles que la crearon y la inmortalizaron.

Esta declaración tiene como fin la conservación y salvaguarda del género que se enfrenta desde hace tiempo a riesgos importantes y es un primer paso a la candidatura para que en su día pueda formar parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Candidatura en la que ha trabajado activamente la dirección artística del Teatro de la Zarzuela.

Hay que destacar qué desde su creación, a punto de cumplir 80 años, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, tan sólo ha incluido 17 propuestas españolas hasta ahora. Una de las que entró en el siglo XXI fue la expresión artística que responde al nombre de Flamenco y que consiguió la denominación en el año 2010. El Flamenco como forma de arte que incluye el cante, el baile y la  música es, junto con la Tauromaquia, a la que me referiré después,  de las expresiones artísticas más internacionales de nuestro país, capaz de despertar asombro a millones de personas de todo el mundo. El Flamenco, como digo, sí consiguió que se le declarase Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Pelea también para obtener la codiciada denominación el baile de La Jota  que tiene  tanta representación en todas las provincias españolas y que está en la antesala para acceder al nombramiento. En su día fue apoyada por 15 autonomías aunque impulsada por la Academia de las Artes del Folclore y de la Jota de Aragón. Claro que primero el Consejo de Patrimonio Histórico declaró la Jota como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España.  Este era un paso previo necesario para ponerse a la fila para la presentación de la candidatura en la UNESCO. Bien es verdad que otra de las expresiones artísticas de la danza  que tiene el marchamo de auténticamente española es la Escuela Bolera que bien merecería otra candidatura y que ignoro si se valoró en algún momento como bien a proteger, siendo, como es, una de las especialidades dancísticas  que está en mayor peligro de desaparecer.

Todas estas propuestas avalan nuestras señas de identidad. Son rasgos, conjunto de características que nos definen, que nos diferencian de otros países, nos dan personalidad y son nuestros saberes y tradiciones: En cuatro palabras  “nuestras señas de identidad”  que debemos defender y proteger.

Hace tiempo que la Tauromaquia intentó encontrar un lugar en la Organización, al constituir un acervo identitario de la hispanidad. Seguramente lo hubiera conseguido de haberse propuesto mucho tiempo antes, pero se esperó hasta el año 2013 para presentarla a la UNESCO y no fue el mejor momento, pues ya habían aparecido todas esas manifestaciones animalistas, hipócritas muchas de ellas, con una concepción simplista de lo que es la defensa de los animales. Y tantas veces con poco fundamento cuando se trata de los animalistas radicales que organizan espectáculos en la puerta de las plazas de toros. Pero, amigos, esos movimientos violentos tienen mucha fuerza y están bastante arropados, con lo que no es fácil que la propuesta de su ingreso en la Organización, de momento tenga luz verde.

Pero es cierto que el Preámbulo de la ley  que se hizo pública el 12 de noviembre de 2013 para la Regulación de la Tauromaquia  como patrimonio cultural de España, hace una definición muy certera de los rasgos que la identifican y una defensa acendrada de nuestra llamada Fiesta Nacional. Entre otras cosas dice: “La Tauromaquia es una manifestación artística en sí misma desvinculada de ideologías en la que se resaltan valores profundamente humanos como puedan ser la inteligencia, el valor, la estética, la solidaridad, o el raciocinio como forma de control de la fuerza bruta. A ello hay que añadir que forma parte de la cultura tradicional y popular, como conjunto de las manifestaciones, conocimientos, actividades y creencias pasados y presentes de la memoria colectiva, siendo uno de los puntos de referencia a partir del cual las iniciativas de la sociedad se enmarcan en un contexto configurador de la identidad nacional propia, arraigada en una pluralidad de formas de expresión popular”.

Ciertamente no puede expresarse mejor lo que es la Tauromaquia, a la qué si en España está declarada desde hace más de diez años como Patrimonio Cultural Inmaterial Español, está muy lejos de ser auspiciada por la UNESCO. Para los aficionados nos basta el reconocimiento de los Poderes Públicos de nuestro país y seguiremos disfrutando del arte y el valor que atesora y que está en la memoria y el imaginario colectivo de todo un pueblo.

Nos felicitamos ¿cómo no? porque La Zarzuela haya sido reconocida por sus  muchos valores artísticos al declararse como Bien Cultural Inmaterial de España, lo que contribuye a su consideración social, al interés del público en general y a su salvaguarda frente a los riesgos a los que se enfrenta. Y a tal consideración correspondería ahora por parte de los Poderes Públicos  el atraer a las nuevas generaciones al género, fomentarla para que su público no sea solo el de mayor edad y quitándole esa caspa que a veces la desvirtúa, mirándola con más cariño y atención  y proyectándola a nivel mundial, como merece.

Francisca García