Semental y madre de Flor de Jara. Foto. Jorge Delgado

Al escuchar el nombre de don Joaquín Buendía lo asociamos irremediablemente con el encaste Santa Coloma. También con la casta, la bravura y es clase tan especial. Aunque no es el único tronco dentro de esta estirpe, no es menos cierto que el más prolijo es el de Buendía Peña. Dentro de este origen, de valor de orfebre, proviene la madrileña vacada de Flor de Jara. Imposible hallar más pureza en su sangre, pues el actual ganadero, Carlos Aragón Cancela, la adquirió a los herederos de don Joaquín. En particular, a Javier, también rejoneador, y a alguna de sus hermanas. Corría el año 2008, cuando el hierro de Bucaré se trasladó a la sierra de Madrid. Pasó a anunciarse como Flor de Jara. Desde entonces, la familia Aragón lucha contra la adversidad para cumplir un sueño y sostener el legado que este encaste supone.

Madres de Flor de Jara junto a sus becerros

Las reses pastan en la finca del “Zahurdón”, en Colmenar Viejo: localidad eminentemente taurina. Tanto que el ganadero aprecia que “la historia de este pueblo viene de ahí, del toro”. Casi nada. Antes de la Guerra Civil hubo más de cincuenta ganaderías, por desgracia, hoy extintas la mayoría. Pero bien, en este señalado lugar, Aragón Cancela, matador de toros retirado, busca la casta y la bravura, pues solo así gana la Fiesta. Sabedor, sin embargo, de las dificultades de regresar a tiempos pretéritos. Fueron los “santa-santa-coloma” de Buendía toros con trapío y excepcional comportamiento. Quizá hoy no estén en ese mismo punto, pero solo con trabajo puede alcanzarse. La mayor dificultad que afronta el ganadero es la cortedad de la vacada. No obstante, parece lo más prudente en los tiempos que padecemos.

Novillo de Flor de Jara

La selección de esta ganadería, de forma muy notoria, dirigida al objetivo propuesto. Por ello, es imperdonable aprobar un toro sin las hechuras características del encaste. Todo lo que no sea acorde con su estirpe, es sacrificado. Lo mismo ocurre con el comportamiento: caballo, fijeza y humillación, principalmente. No hay que olvidar que el comportamiento tipo del encaste es elemental también. En un primer momento de gestión, sin embargo, se abrieron las líneas, para evitar la consanguinidad y su pernicioso efectos negativos. De seis sementales, se pasó a veinte; todo ello de manera paulatina. Solo de esta forma, Carlos Aragón ha logrado trabajar sobre la adquisición de 2008, sin necesidad de hacer sucesivas compras o refrescar. Así deviene también la ganadería en un remanso de pureza genética.

Es el proyecto de Carlos Aragón Cancela, y también de su hijo, Daniel, una gran ilusión colectiva; pues su éxito será igualmente provechoso para el aficionado. De momento, nos deleitaremos con la excepcional galería fotográfica que a estas letras acompaña.

Por Francisco Díaz 

Fotografía Jorge Delgado 

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