En febrero de este año todos los medios de comunicación recogieron esta noticia: la ONU recomienda a España prohibir que los menores de edad participen o asistan a espectáculos de tauromaquia, porque tanto en uno u otro caso tiene efectos dañinos para los menores. Y al mismo tiempo muestra su preocupación por el “nivel de violencia” de las escuelas taurinas. Todo ello, por cierto, despachado en poco más de tres líneas de un informe.

En estos tiempos de noticias falsas, medias verdades, medias mentiras y poco amor a la exactitud se hace aún más necesario lo que los anglosajones llaman el fact check, la comprobación de la veracidad de los datos que se nos ofrecen como ciertos. Para que se haga una idea, querido lector, hacer una comprobación de datos de una noticia es como pasar el antivirus a un archivo electrónico. Si no hay ninguna alerta, trabajaremos tranquilos con él. Pero si saltan las alarmas, cuidado…es información en mal estado, y no debemos consumirla.

Pues bien, si pasamos nuestro particular antivirus Fact Check a la noticia sobre la ONU, se nos pone todo perdido de virus de lo más variado: hay datos falsos, prejuicios, desconocimiento, buenismo, y, lisa y llanamente, opiniones sin ninguna base (del tipo: esto es así porque lo digo yo).

En primer lugar: la ONU no ha dicho nada sobre los toros. Es falso. El informe en cuestión proviene del Comité de los Derechos del Niño, compuesto de personas que no representan a ningún país y actúan personalmente según su criterio. En este caso son 17 miembros de nacionalidades tan absolutamente lejanas a la tauromaquia como Togo, Zambia, Egipto, Samoa, Japón, Sudáfrica, Bulgaria, Noruega o Etiopía. Personas que con toda seguridad desconocen completamente el mundo de los toros, y que desde luego no han venido a España, por ejemplo, a visitar una escuela taurina a ver qué ocurre ahí. Pero eso no les impide opinar desde Ginebra que los toros y las escuelas taurinas fomentan la violencia.

Esta opinión tan poco matizada no se basó en ningún informe o documentación previa. En la sesión de control a España no se aportó ningún estudio que sustentara la afirmación sobre la repercusión negativa de la tauromaquia en menores, aunque se dijo que sí en algunos medios. Por tanto, no existe en absoluto un sustento científico de ningún tipo para hacer esas afirmaciones.

En resumen: 17 personas de diferentes países en su propio nombre, sin conocimiento alguno sobre algo tan complejo como es la cultura de los toros en España, sin haber hecho trabajo de campo alguno y sin ningún tipo de informe científico, opinan en tres líneas que, como los toros son cruentos, hay que prohibir que los menores de edad sean toreros o incluso que simplemente acudan a una corrida.

Este Comité, en lugar de haber emitido opiniones sin sustento alguno, podría haber recabado los informes científicos que sí existen acerca de la presencia de menores en espectáculos taurinos. En 1999, a instancia el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, se encargó un estudio a cuatro equipos independientes (tres de ellos, universidades españolas) ¿El resultado? Que no existe ningún tipo de implicación psicológica negativa respecto de los menores en cuestión. Hay otro estudio realizado en México, en 2017, encargado a un psiquiatra infantil, que concluye lo mismo. Y respecto de las supuestamente violentas escuelas taurinas, podrían haber leído una tesis doctoral también de 2017 de la que resultaba que los alumnos de las escuelas taurinas tenían no peores, sino mejores registros en bienestar y recursos psicológicos. Pero prefirieron introducir una opinión infundada, en el último momento y quién sabe impulsada por qué o por quién, en lugar de haber fundado su criterio en los estudios científicos existentes.

Hay una virtud que se llama sensatez y tiene que ver con la capacidad de formarse un juicio correcto sobre la realidad sobre la base de los hechos que tienes a tu disposición. Si, como este Comité, estás muy preocupado por el nivel de violencia que puede ofrecerse a los menores en las escuelas y espectáculos taurinos, es porque esa violencia ha de ser fácilmente reconocible en la sociedad. Y en el país más taurino del mundo, España, la supuestamente nefasta influencia del mundo de los toros en generaciones y generaciones de menores debería haber desembocado en un enorme problema de orden público… Pero no. La realidad y los datos vuelven a desmentir un buen prejuicio.

Resulta que España es el decimoquinto país del mundo en cuanto a menor tasa de homicidios, el quinto país más seguro y en calidad de apoyo social de la OCDE, y nada menos que el primer país del mundo en actitud positiva respecto de la homosexualidad. Exactamente lo contrario de lo que cabría esperar de la afirmación del Comité. Vaya.

Decía Don Quijote que no hay más alta virtud que la prudencia. Cuánta razón.

Por Fernando Gomá. Vicepresidente de la FTL