Gracias a la televisión hemos podido ver todas las actuaciones de Curro Díaz, seis en total, en la que, como si de un mal presagio se tratare, apenas le ha embestido un toro como Dios manda. No es menos cierto que, Curro, frente al “material” que tenía enfrente ha dibujado momentos inolvidables pero, siempre, tras un esfuerzo tenaz puesto que, sus colaboradores, para su desdicha eran auténticos enemigos; no por sus malas ideas, pero sí por la nula condición que todos los toros le han mostrado.

Tiene bemoles la cosa cuando, como se sabe, por fin, Curro Díaz acariciaba la ocasión al verse anunciado con ganaderías de la sangre Domecq que, a priori, todos creemos que es sinónimo de éxito que, en muchas ocasiones, como sabemos, salen toros santificados a los ruedos de dichas ganaderías comerciales, algo que a buen seguro ilusionaría a Curro Díaz, sabedor de que, frente a un toro que colabore con esmero con su tarea, nunca el toreo puede ser más bello que en sus manos.

Sin embargo, como hemos podido ver, la suerte suele ser caprichosa y, muchas veces, hasta traicionera porque, como explico, pese al bien hacer y mejor “decir” de su toreo, insisto, no le ha salido ese toro que han disfrutado sus compañeros que, por ejemplo Ponce, que le han tocado semejantes bombones, los ha molido a derechazos mientras que, a su lado, el artista, en este caso Curro Díaz, se quedada con la ilusión hecha pedazos al comprobar que, por unas causas u otras, sus enemigos no quisieron colaborar para nada con la faena rotunda que lleva Curro metida siempre en sus entrañas.

Pese a todo, Curro ha tenido momentos brillantísimos que otros toreros quisieran soñar, todo ello sin el “consenso” de un enemigo adecuado que le ayudara para crear la obra bella, yo diría que casi perfecta en sus manos. Su esfuerzo, técnica, maneras, sensibilidad, arte al más alto nivel, como explico, han servido para que cincelara momentos rotundos de una belleza extraordinaria pero, él sabe, como lo sabemos todos los aficionados que no le ha salido el toro para “reventar” el toreo como solo él sabe hacerlo.

Sin duda, si le preguntásemos al diestro por su temporada seguro que nos respondería que está muy satisfecho y, tiene motivos para estarlo porque ha tenido que bregar con los imponderables que los toros le mostraron e, incluso, solventar con arte y torería embestidas inciertas, toros con la cabeza por las nubes, algunos agarrados al piso, otros violentos….de toda estirpe y condición, pero ni uno solo para que el artista pudiera “romperse” por completo ante los aficionados, en esta ocasión, ante todo el mundo, gracias a la televisión.

Repito que, Curro Díaz es un hombre humilde como persona, pero el más ambicioso del mundo para con el arte pero, como ser humano, es capaz de entenderlo todo y, justificar, llegado el caso, que si los toros no le han embestido habrá sido para bien, sin duda, para que hayamos podido admirar sus dotes lidiadoras y toda su capacidad como torero de recursos, de mucha ciencia, un enorme valor y, con ese esfuerzo tan grande que ha hecho, hasta nos ha mostrado su enorme calidad como artista.

No es menos cierto que todos queríamos más; no lo digo en el sentido numérico de los “tres mil” pases de otros toreros que nos aburren hasta el hastío; queríamos, para Curro, ese toro franco, de embestida aromática, de elegancia en sus movimientos, todo ello para que aflorara, una vez más, ese arte irrepetible del maestro de Linares que, como los grandes toreros de todas las épocas, jamás alarga una faena más allá de lo que realmente un toro merece; si es malo, se intenta por ambos pitones, se convence al público y se mata y, si es bueno, se le dan las cinco series correspondientes en las que, basta y sobra para enardecer a los aficionados puesto que, la cantidad, jamás podrá superar a la calidad y, si de conceptos artísticos hablamos, lo de Curro Díaz es algo tan extraordinario que, apenas unos pocos muletazos nos saben al manjar más exquisito.