No ha sido la tarde que Luis Uranga, como propietario de la divisa de Pedraza de Yeltes que, cansado de acaudalar triunfos en Francia, no tiene fortuna en Madrid, salvo uno de los ejemplares que ha resultado muy bravo, encastadísimo, pero un toro como los de “antes”. En el peor de los casos, el animal citado ha salvado el honor de la ganadería y, de alguna manera, hasta le ha dado alientos al criador para seguir en su empeño por lograr la bravura y la casta, todo a la vez, algo que sucede muy de vez en cuando y, con el toro apuntado el señor Uranga ha logrado el triunfo que persigue y logra en el país galo.

Corrida para olvidar en su conjunto que, para colmo, ha sido remendada con un toro de Chamaco, un burro grandote y un Torrestrella que tenía una violencia tremenda que, por cierto, es el que ha herido a Fonseca. No es menos cierto que, el segundo, que correspondía a F.J. Espada, apuntaba buenas maneras tras su salida del caballo pero, para que la desdicha fuera grande, todo ha quedado en la nada porque la falta de fuerzas es la que ha abocado al presidente a devolver el toro, saliendo en su lugar el animal de Chamaco que no sirvió para nada.

Juan Leal es motivo de admiración por todo lo que hace con los toros que, para su mala fortuna, esta tarde ha tenido que matar cuatro contrincantes. En su lote, bicornes sin mucha raza, extremada violencia y con las fuerzas justas, solo han permitido al francés estar hecho un jabato en sus oponentes; tampoco daba la cosa para más. Valor a raudales, casta la suya y unos deseos inmensos por lograr el triunfo. Ha estado muy digno, incluso eficaz con la espada pero, saborear el triunfo era una utopía.

Volvía Francisco José Espada a Madrid con una ilusión desmedida y, su primero, el toro que antes apuntaba que podía haber valido en la muleta por aquello de la bondad y entrega que tuvo con el caballo, fue devuelto por falta de fuerzas. Salió el animalote de Chamaco que no tenía convicción alguna con el que, Espada le ha sacado muletazos muy bellos pero, como quiera que el toro no tenía trasmisión alguna, el esfuerzo del diestro de Fuenlabrada ha sido infructuoso. Una estocada y ha rodado el toro. Ha salido su segundo que, de pronto, ya ha mostrado ese signo de violencia que tanto nos temíamos por lo que le habíamos visto en los primeros tercios. Espada ha comenzado la faena con una gallardía tremenda pero, en apenas cuatro muletazos, el toro le ha lanzado un derrote, lo ha tirado al aire y, el torero parecía un muñeco roto en las astas del enemigo. Ha quedado inconsciente en el ruedo y, aunque no llevaba cornada, al parecer si una fortísima contusión en la cabeza. Una vez más, el mal fario se ha cebado con este diestro que tiene muchos valores como para poder funcionar como matador de toros pero, la suerte le sigue siendo esquiva. Ha matado el toro Juan Leal y ahí ha muerto la historia.

Volvía Isaac Fonseca a Madrid con esa ilusión que le desborda, con esa pasión en la que vive; en definitiva, con unas ganas inmensas de ser torero. Digamos que, lo de las ganas quizás lo pongan todos los toreros pero, a Isaac Fonseca se le nota mucho, toda una virtud en su haber. El único toreo de capote ha brillado de sus manos porque, en honor a la verdad, apenas toro alguno se ha dejado torear con la capa. El animal, que ha hecho una asquerosa pelea en varas, apenas presagiábamos que sería el toro de la tarde, y de muchas tardes, sin duda alguna. Fonseca lo ha recibido rodilla en tierra exponiendo su anatomía frente al burel que, encastadísimo, por momentos, se lo quería comer. Un gran toro que, como se dice en el argot, era un toro de dos orejas cuando, Fonseca, como sabemos, cortó una. Y no lo digo en demérito del mexicano, todo lo contrario. Ocurrió que, entre que el toro había hecho esa absurda pelea en varas que he citado, de repente ha doblado dos veces la manos y, en esos escasos segundos ha bastado y sobrado tiempo para que, al final de la gran faena de Fonseca, la gente no reaccionara como en verdad merecía el diestro que, por si fuera poco, lo ha matado de una soberbia estocada en todo lo alto. Es verdad que, por ambos pitones, Fonseca ha toreado a placer, si se le puede llamar placer a jugarte la vida sin cuentos. Pero esas dos veces que el toro dobló las manos, todo ello antes de la faena de muleta, han sido el hándicap para que la gente no se percatara de que había en el ruedo un gran toro que vendió cara su vida. De no haber tenido la gente la percepción de que el toro podía caerse más veces, cosa no que no ocurrió, con toda seguridad las dos orejas hubieran caído en las manos de Fonseca que, ha estado hecho un tío. El mexicano, pase lo que pase, quiere ser torero y eso se nota a mil leguas. Ha cortado, como decía, una oreja de pura ley. En su segundo, un toro de Torrestrella, grandote, violento, basto como ninguno, con el que el diestro ha tenido que bregar muchísimo en el capote para pararle de salida, sin buscar el arte, pero sí atemperar la embestida  de aquella fiera que quería comerse a medio mundo. Fonseca, sabedor del peligro que derramaba si antagonista se ha puesto a torear sin más dilación y, un par de series han demostrado el valor espartano de este diestro pero, de repente, en un segundo, el toro se ha dado cuenta que lo tenía cerquita, le ha clavado el pitón por la espalda y lo ha zarandeado peor todavía que a Espada. Un horror, un drama al más alto nivel porque, pese a la maldad del toro, Fonseca estaba apuntando a lo más hermoso, salir por la puerta grande de Madrid que, de no haber sido cogido, quedaba esa posibilidad. Decían de una cornada en la espalda, quiera Dios que sea poco y se recupere pronto.

Fotos del maestro Andrew Moore.