La magia, como su nombre indica, no es otra cosa que hacernos ver y creer algo que no existe pero que, los magos, con esa gracia que Dios les ha dado nos cautivan por completo; repito, todos sabemos los trucos que nos enseñan no tienen nada que ver con la realidad pero que, dada la habilidad de los protagonistas, hasta creemos lo que en verdad es pura mentira, pero llevada a cabo con tanto arte que, nos la tragamos y, lo que es mejor, hasta somos felices.

La magia, si la extrapolamos hacia el mundo de los toros, es el bien hacer de Morante al que, como sabemos, tantísimas veces le hemos tratado de mago, no para ofenderle, más bien para ensalzarle cuando la cuestión es muy otra. Explicada la magia Morante queda con el culo al aire en todas sus actuaciones pero, amigo, esa virtud es innata en su persona y la tenemos que admitir; nos parecerá más real o más falsa, pero es su forma de entender el toreo.

Sin duda, para dicha de Morante, es el único diestro en el mundo capaz de llevarnos al paraíso con su toreo, sin que nadie nos percatemos que delante no tiene un toro, más bien una hermanita de la caridad dispuesta a morir por su causa. Sucede así y, hasta nos lo pasamos bien. El problema viene cuando volvemos a ver en frio esa misma actuación cuando nos la pasan por televisión; es ahí cuando nos derrumbamos por completo puesto que, en vivo y en directo, las emociones son totalmente distintas.

Alguien me acusaría diciendo que Morante mata toros como los demás; sí, como los demás que los matan al igual que él, no sé si me explico. Pero existe una diferencia abismal como dije millones de veces, entre los toros de las figuras y el resto de los encastes ganaderos, la prueba no es otra que, dichos  toros, los de Morante y sus acólitos, no infieren cornadas porque están “amaestrados” para que embistan y, con solo ser hábil, profesional de la materia y avezado en dichas lides, todo lo demás llegan por añadidura, hasta los triunfos apoteósicos de dichos diestros que pertenecen al llamado escalafón superior, siendo Morante de la Puebla un miembro de derecho.

Digamos que, todo lo explicado de Morante y sus compañeros, todo tiene mucho que ver con la magia porque nos hacen creer que están lidiando un toro de verdad y, cuando ese tipo de toros lo comparamos con un Albaserrada, por citar un encaste, nos venimos abajo con estrépito porque, es como la noche y el día. Lo dije miles de veces y lo vuelvo a repetir, la belleza con la que Morante impregna nuestras retinas, es algo sublime; si como decía, tras lo que hemos visto, no le damos mayor análisis, la dicha la tenemos servida pero, como sabemos que hay otro tipo de toros en las ganaderías de España, lo de Morante y sus secuaces nos parece ridículo, cuando menos, “mágico”.

Yo entiendo a los toreros porque son seres humanos como usted, como yo y, cada cual, a su manera, busca la mejor forma de aliviarse en su profesión pero, aquí viene el quid de la cuestión, los bombones siempre son para los mismos mientras que los huesos duros de roer siempre caen en las manos más humildes. Llegamos a la conclusión de siempre, con magia o sin ella, pero las diferencias que palpamos entre unos diestros y otros son insalvables, la prueba, como dije hasta la saciedad es que, por ejemplo, en el pasado año, si analizamos lo que fueron las cogidas de los diestros, rara vez, un animalito de la casa Domecq y sus acólitos, han herido a diestro alguno.

Por supuesto que los toreros están en su derecho de elegir lo que más les convenga, como lo estamos los aficionados para criticar semejantes disparates como son los toros de las figuras y los animales con cuajo de otros muchos encastes que, como se sabe, es ahí donde nace y llega la emoción a los tendidos. Y es lo que pretendemos, pagar un dinero fuerte, pero que nos emocionen comprobando que, el diestro en cuestión se está jugando la vida, lo demás son historias de magia, es decir, algo que parece pero que no lo es. Pensemos, recapacitamos y encontraremos la verdad del asunto.

En la foto, valga el dibujo de Mer Fidalgo para ilustrar este ensayo sobre la magia en el que, Morante, es el gran protagonista.