En la última de las novilladas de la feria de Madrid celebrada ayer, los novillos de Guadaria y Torrehandilla dieron un juego tan noble como insulso, incluso alguno con mucho picante, pero nada reseñable en cuanto a la lidia de estos ejemplares.

Abría el cartel el francés Lalo de María que, por lo visto, su toreo ha evolucionado muchísimo en estética y gusto. Tuvo los dos mejores novillos de la tarde si de nobleza y bondad hablamos pero, todo quedó ahí, en las buenas intenciones del galo que, pese a su avance como lidiador y dueño de buen gusto en la muleta, su labor no trascendió ni al callejón de la plaza que es donde están los que más pueden aplaudirte. Es cierto que, como él confesara, y eso dice mucho de su personalidad, si los toros no trasmiten emoción todo se pierde en el camino y, sus enemigos, domo dije, tenían bondad franciscana, sin el menor atisbo de peligro y mucho menos de maldad pero, si los tendidos no se emocionan no hay torero que valga. Poco se le puede atribuir como castigo pero, de igual modo, su técnica es la que le impide tener alma, de ahí el poco calado que tiene entre las gentes.

Pepe Luis Cirugeda se encontró con el peor lote y, como quiera que es un principiante, para colmo, bailó con la más fea. Puso mucha voluntad, decisión a raudales y un deseo inquebrantable por estar a la altura, pero todo se le vino abajo entre los enganchones que el toro le tiraba que, al final, eran derrotes que le impidieron toda opción de lucimiento.

Alejandro Chicharro, con un primero enemigo áspero, de buena condición, pero que había que torearlo como Dios manda, no se arredró. Sacó una faena limpia, por momentos muy torera, con una disposición tremenda y, lo que es mejor, con buenos logros por ambas manos. Se le ve muy puesto a este chico y, lo que es mejor, además de valor, tiene el toreo metido en la cabeza, el que practica con un gusto desmedido. No es fácil estar a la altura que estuvo Chicharro que, como digo, sus novillos no eran para echar cohetes, pero el chaval sabía lo que hacía, razón por la que en ambos toros tuvo mucha conexión con los graderíos. En el último, más parado que el anterior, con menos fuerza incluso, Chicharro hizo un esfuerzo sobrehumano para que el toro no se le viniera abajo, cosa que logró con denodado esfuerzo. Como pudimos desprender de la actitud del público, si llega a matar bien hubiera cortado una oreja en cada enemigo, que no es mal balance para un torero que, el pasado uno de mayo se entretuvo saliendo a hombros de Las Ventas.

Alejandro Chicharro, pese a sus fallos con la espada, puede estar contento  puesto que, además de la vuelta al ruedo en su primer enemigo, tanto en el uno como en el otro, de haber matado con prontitud ahora estaríamos hablando de otra puerta grande en su haber.

Fotos del maestro Andrew Moore.