Cuando ocurre un caso como el de Morante que, por desgracia de su enfermedad deja vacantes muchos carteles con su usencia, lo lógico sería que se echara mano de los chavales jóvenes que han triunfado para sustituir al ídolo enfermo. Pues no señor, nada de eso. Se busca a las figuras para que, en nombre de Morante, ocupen los sitios que deja vacante. ¿Qué ocurre? Muy sencillo. Las figuras se frotan las manos de alegría, nadie lo confesará, pero es una verdad que aplasta.

Habría que hacer notar a los empresarios que, una vez montados los carteles y éstos ha tomado la inercia natural ante los aficionados, que vaya Morante o deje de ir no pasa nada; digamos que, nadie en el mundo devolverá una entrada por aquello de la ausencia del torero de La Puebla. La prueba más evidente la tuvimos el pasado año en Madrid en su feria de otoño en la que Morante no pudo asistir, le sustituyó El Cid y nadie devolvió una sola entrada. Por cierto, hablando del torero de Salteras muy bien le vendría ocupar algún que otro puesto dejado por el cigarrero.

Por lógica, las bajas de Morante deberían tener como sustitutos a Fernando Adrián, Borja Jiménez e Isaac Fonseca como auténticos triunfadores de Madrid y, si en verdad se buscara un torero artista para sustituirle, el adecuado para reemplazarle no debería ser otro que Curro Díaz, lo digo porque si de calidad hablamos, el torero de Linares la tiene para inundar tres pantanos. Pero no, todo es un conflicto de intereses que, mira tú por donde siempre favorece a los mismos.

Las figuras sustituyen el compañero caído por la enfermedad y todos, sin distinción, para sus adentros desearán que le dure mucho tiempo su invalidez para ejercer la profesión. Es el cuento de siempre, rey muerto, rey puesto. Y mientras todo eso ocurre, los “príncipes” del toreo, los que antes he nombrado, que sigan esperando, es el caso de Borjita Jiménez que, para su desdicha no está acartelado en la gran feria de julio, Santander; eso sí, el memo ese de Cayetano si ocupa un puesto en la gran feria cántabra.

Ellos se lo guisan y ellos se lo comen y si queda algún residuo, para los pobres del lugar que, en realidad no queda nada. Es la tremenda injusticia de siempre y, para que la cosa siga siendo todavía más grave, en un momento determinado, como ocurrió el pasado domingo en Madrid en la corrida a beneficio de los diestros, lo dejaron en un mano a mano y todavía les sale más barato a la empresa porque, como se comprobó nadie devolvió su entrada ante la ausencia del “dios” del toreo.

Esto sigue siendo muy complicado porque, en este año, caso de Borja Jiménez, tras lo que el chaval ha conseguido en Madrid, si al final de la temporada no ha toreado cuarenta corridas de toros, una vez más, podremos certificar la podredumbre que existe dentro del mundo de los toros. Y, para mi desdicha, por lo que barrunto, no las toreará, sin duda alguna, la desdicha más grande que nadie pudiera imaginar. Tiempo al tiempo. Si a los triunfadores se les ningunea y olvida, ¿a qué podrán aspirar decenas de chavales que tienen condiciones más que sobradas para la profesión y no les dan ni los buenos días?