Genéricamente, dada la nueva forma de vivir que tenemos y cómo se encuentra la sociedad actual, tanto en España como en cualquier país donde se celebren corridas de toros, salvo en Francia, la hecatombe la tenemos servida, la prueba no es otra que se van cerrando plazas de toros por capricho del hijo de puta de turno y, nadie dice nada; nadie de los que tenían que romper una lanza hacia nuestra fiesta taurina que, en este caso serían los políticos que, como es obvio no están por la labor y, lo que es más sangrante, siguen empujando a la sociedad mediante los animalistas y demás gentuzas que anidan en este mundo, todo ello para erradicar para siempre una fiesta que ha vivido varios siglos sin que nadie le molestara en lo más mínimo.

Dicen que nuestra sociedad ha avanzado al paso de los años y, eso es una mentira cruel que, dicha millones de veces, los retrasados mentales de cualquier país, la convierten en una verdad puesto que, seguramente hemos avanzado en tecnología pero hemos perdido todos los valores que siempre dignificaron a nuestra sociedad, tales como el respeto, la educación, las buenas formas, cultivar la amistad, admirar a los demás y, por encima de todo, el respeto que siempre tuvimos a los que pensaban diferentes a nosotros puesto que, no es menos cierto que, mucha gente, a lo largo de la historia, no le han interesado para nada las corridas de toros pero, como quiera que cultivaban el respeto, jamás hubo problema sobre el asunto.

Fijémonos hasta donde hemos llegado en los avances de la tecnología que, en la actualidad, la sociedad tiene un problema gravísimo que se lo han buscado ellos. Se trata de que, como nos informan cada día, existe un problema gravísimo mediante la utilización de los teléfonos móviles en los que, al parecer, niños de diez años consumen pornografía por doquier pero, un tema tan escabroso como el citado, nadie pone freno en absoluto y, por el contrario, esa misma sociedad que se queda impávida ante situaciones tan graves como la contada, es la que alienta a los demás para que prohíban los toros como si les fuera la vida en ello.

Recordemos que, España, políticamente hablando tiene un problema gravísimo que, por nuestra “cultura” ya hemos aceptados todos con resignación. Nos va la vida en ello, especialmente en lo que al trabajo se refiere pero, sigue sin pasar nada. Ahora bien, si de toros hablamos, esa misma sociedad que se queda impávida ante cuestiones tan delicadas y gravísimas como las que he contado, es capaz de destruir todo aquello que ni les importa ni les afecta, como pueda ser la fiesta de los toros, hasta el punto de que, si al respecto hubiera un referéndum sobre los toros, de forma desdichada, ganaría por mayoría absoluta los contrarios a esta fiesta maravillosa que, amén de diversión propiamente dicha, aporta trabajo a cientos de miles de personas esparcidas por todo el globo terráqueo en que, su modus operandi para vivir son los toros.

Esta es la sociedad animalista que hemos forjado en que, por ejemplo, te levantas por la mañana y un maldito perro, mejor dicho, un perro maldito como pueda ser el dueño del animal se ha cagado en tu acera y, ¿solución? Limpiarlo con lejía, agua y jabón si no quieres ensuciar toda tu casa sin darte cuenta. Esa situación horrible sucede miles de veces todos los días a lo largo y ancho de España y, ¿se han pronunciado ante dicho dislate los animalistas? Ni lo hacen ni lo harán y, a su vez, se jactan de haber prohibido los animales en los circos porque según estos cafres, los elefantes, tigres o leones viven estresados en sus jaulas. Pues esas mismas jaulas deberían de servir para encerrar a miles de malditos que, con su doctrina tan particular quieren acabar con la fiesta de los toros, en realidad, de lo poco que queda de esta fiesta tan singular como mágica.

Como decía en el enunciado, pese a todo, si de toros hablamos, démosle gracias a Dios que nos conserve lo poco que nos queda que, como sabemos, ese indeseable ministro de Cultura, Ernest Urtasun, con cara de felino, está al acecho para ver cómo se desenvuelve la fiesta taurina para, llegado el momento, ponerle la puntilla. Lo contado ocurre diariamente en México tal y cómo hemos explicado en nuestro ensayo anterior y ¿quién defiende a los mexicanos, AMLO? Que esperan sentados como nosotros y, eso sí, que sigan rezando a su virgen de Guadalupe para que la cosa no empeore mucho más, al tiempo que nosotros elevamos nuestras oraciones al Jesús del Gran Poder. Por cierto y dicho sea de paso, la Virgen de Guadalupe ya ha hecho el milagro porque en breves días se reapertura la Monumental Plaza México, alabado sea Dios.

Valga como ilustración la foto de Andrew Moore en la que vemos a Fernando Robleño en la interpretación de un bellísimo natural.