Es de celebrar que la Comunidad de Madrid ha autorizado ya el cincuenta por ciento del aforo para la celebración de las corridas de toros en Las Ventas, noticia espectacular, fantástica, la que nos hacemos eco con alegría desmedida. En los tiempos que corremos, hablar del cincuenta por ciento de aforo eso son palabras mayores que, con toda seguridad, así nos lo hace creer la lógica, que tendremos toros todo el verano en Madrid.

Claro que, como el descerebrado de Pedro Sánchez, dejó todo en manos de las comunidades ahora, cada una de ellas, según su criterio, adopta unas u otras formas, depende el color en que gobierne cada comunidad. Decía que Sánchez dejó todo, lo que le conviene claro, porque siempre tiene en la recámara una carta para jugar como la que ha sacado ahora diciéndonos: Ya podéis quitaros las mascarillas porque lo digo yo, que soy vuestro salvador. Se necesita ser imbécil y memo para tratarnos a todos los españoles como si fuésemos retrasados mentales, es decir, del PSOE. A Dios gracias, todos no pertenecemos a ese nefasto partido que solo anhela la destrucción de España y, el que tenga alguna duda que lea los diarios o el libro de Jesús Laínz, LA GRAN VENGANZA.

Cierto es que, lo que pretendo es hacer una comparación, taurinamente dicha, entre Madrid y Valencia, dos lugares distintos y distantes gobernados por gentes de muy diferente condición porque, mientras en Madrid, la señora Ayuso se desvela por los madrileños en todos los órdenes, en Valencia, el tipo del peluquín que debe ser tan traidor como su amo, sigue preso, cogido de los cojones por su vicepresidenta comunista, la indeseable Mónica Oltra que, como hemos visto, su nombre ya aparece en los juzgados de Valencia, lo que demuestra que, la izquierda, todos son muy honrados hasta que tienen el cajón a mano.

Digamos que, en Madrid, como se sabe, se ha autorizado el cincuenta por ciento del aforo para su plaza y, en Valencia, según estas gentuzas, solo permiten la entrada de poco más de dos mil personas. ¿Cabe dislate mayor? Si se puede en Madrid, ¿qué pasa que en Valencia somos los más sensatos del mundo? Nada de eso. Lo que ocurre es que, mientras en Madrid se aplica la lógica, en Valencia sigue instalado el comunismo más exacerbado, hasta el mismo nivel que en el gobierno central y, por dicha razón todo lo que huela a progreso o bienestar de las gentes, todo eso hay que erradicarlo; eso sí, mientras tanto, los indeseables de nuestros políticos viven como reyes con todas las prebendas del mundo y, el que no pueda comer que se joda, que nadie le ha pedido que sea pobre.

Recordémosles a estos insensatos que dicen gobernarnos que, una plaza de toros es un espacio al aire libre sin ningún riesgo de contagio como lo demuestra la actitud de Díaz Ayuso en Madrid. Recordemos que, hasta este momento en que aparece la luz al final del túnel, durante la pandemia el metro de Valencia, como el de Madrid, ha ido atestado de miles de gentes a diario y no se ha prohibido su uso y, ahora, Puig y sus secuaces se ponen estrechos con el asunto impidiendo que se celebren corridas de toros en el coso de la calle de Játiva.

El tipo del peluquín debería de estar muy preocupado con los asuntos que le atañen a su hermano que, como hemos podido saber, el muy imbécil está sumido en varios turbios asuntos pero, como se trata del PSOE, a esos ni se les toca ni se les aplica la ley y, para colmo, son dictadores al más alto nivel. Que nos digan, de una puta vez, un solo motivo convincente para que no se abra la plaza de toros de Valencia. ¡Pedimos un motivo, uno solo! Claro que, pedir cosas lógicas a descerebrados es como buscar una aguja en un pajar.

Mientras los dirigentes del PSOE atacan a la fiesta de los toros llenándola de prohibiciones y poniéndole trabas por doquier, el AMO del partido, dígase ese mentiroso compulsivo que ha engañado a todos los españoles, hoy –por ayer- se ha pronunciado en el Liceo de Barcelona para anunciar el indulto de los criminales separatistas que dieron un golpe de estado y que el Tribunal Superior de justicia les condenó. O sea que, ya no tenemos ni justicia en España porque el tal Sánchez hace lo que le viene en gana y, para colmo, esa manada de borregos que tiene a su lado le ríe las gracias y, para colmo, los indultados le odian porque solo quieren la independencia que, a no dudar, la dará muy en breve. Ha sido elocuente que, en el mitin del tramposo Sánchez en Barcelona se haya escuchado, ¡viva la república, abajo el rey! Este tipo llamado Pedro Sánchez, es el mismo que apoyó a Mariano Rajoy cuando dijo que cayera todo el peso de la ley contra los que atentaron contra la constitución y el estado de Derecho. ¡El mismo, sí señor!

A propósito de todo lo que digo, la lectura del libro, LA GRAN VENGANZA, de Jesús Laínz, nos equipara la España actual con la de aquellos años treinta en que, ese mismo PSOE que ahora nos gobierna, es el que permitió el terror, la muerte de civiles, la quema de iglesias, la destrucción de obras de arte, el saqueo del Museo del Prado, el robo del oro, el asesinato de miles de sacerdotes, la toma de las fincas de sus propietarios porque todo tenía que ser del “pueblo”; es decir, de aquellos hijos de puta que sembraron el odio, la muerte, el rencor y todo lo habido y por haber, sencillamente, para vivir como reyes. Hasta el momento no hemos llegado a tanto como en los años treinta, pero estamos en la vereda, que nadie lo dude. Pedro Sánchez es más vengativo que Indalecio Prieto y Largo Caballero juntos. Cómo sería la historia en aquellos años que, todos los intelectuales que apoyaron la república, todos, sin distinción, salieron huyendo de España antes de que empezara la guerra civil que, para fortuna de España la ganó Franco, de haber ganado la república, ahora no quedaría nada; vamos que, Cuba sería Estados Unidos si la comparásemos con la España que aquellos criminales querían.