Después de una tarde más o menos triunfal, volvemos a los toros. El cartel que se nos presenta hoy es el más fuerte del menú. Toros de Victoriano del Río para Enrique Ponce, Curro Díaz y Emilio de Justo. Tres estilos diferentes para los toros de la Sierra de Madrid, que debutan en esta atípica temporada tras ser suspendida la corrida de San Sebastián de los Reyes.

Victoriano del Río es una ganadería a priori de garantías, con una trayectoria en Madrid brillante. Uno de los toros de la temporada, el recordado “Ruiseñor”, llevaba el hierro de la Y encerrada en el círculo. El año pasado no rayó al nivel más alto, aunque propició la primera puerta grande de Paco Ureña en Las Ventas.

Abre el cartel el hombre de la temporada. Protagonista en la temporada, Enrique Ponce se presenta en Nimes como líder del escalafón, pues se ha echado la temporada a la espalda toreando en todos los sitios. Pero su toreo ya no es el que era. Y es normal, pues después de 30 años delante de la cara del toro uno pierde facultades y gana vicios. Quizás el final llamó a sus puertas hace años, pero sigue en el trono del toreo por su propia voluntad. Es digno de alabar, no así como sus maneras toreando.

El segundo acartelado es Curro Díaz. Tras abrir la puerta grande de Madrid en 2016, Curro ha estado presente en las grandes ferias, y este año ya lleva toreadas un par de corridas. Con su pellizco y sus aseadas maneras, Curro gusta al aficionado. Y además se apunta a la que haga falta. En Villanueva del Arzobispo se le vio dudoso en su primero, pero firme y pulcro en su segundo, ya que se lo exigía. Es un torero completo: duende, pureza y valor para cuando se requiere. Hay que seguirlo.

Y el gran esperado es Emilio de Justo. El extremeño vive uno de sus mejores momentos, y de no haber sido por el coronavirus Emilio se hubiera consagrado, estoy seguro. Su toreo clásico y su espada fulminante hacen de él un torero de primera fila, que, sin embargo, se está acomodando con los hierros que torea. Recordemos que hace dos telediarios frecuentaba la Francia más áspera. Gracias a ello, Emilio es uno de los más puros del escalafón, reuniendo colocación perfecta y temple exquisito, acompañado de gran empaque.

Si los toros embisten, se puede vivir una buena tarde de toros en el coso francés. Pero, deseamos que los toros embistan como toros que son, con casta y bravura, con fiereza y acometividad, y muriendo con la boca cerrada. Sería más que un milagro en estos tiempos.

Por Quique Giménez y Pablo Pineda