La regla de los seis grados afirma que todos los seres humanos estamos separados como máximo a seis contactos de distancia de conocer a cualquier otra persona. Este concepto  básico se construye sobre la idea de que el número de conocidos va creciendo exponencialmente según vamos abriendo nuestro círculo -número de enlaces en la cadena- , y sólo un pequeño número de nexos son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera. Aparentemente da la sensación de que estemos hablando en el entorno de un mundo globalizado y sostenido por las redes sociales, pero lo cierto es que se trata de una teoría que formuló en 1929 el escritor Frigyes Karinthy, publicado bajo el título de Chains. Traducido cadenas, y cuya lectura desde la perspectiva actual recomiendo.

Pensemos en cualquier persona. En la más disparatada que se nos ocurra. Después busquemos qué contactos hay a su alrededor, y cuáles a los nuestros que pudieran encaminarnos a encontrarnos. Pues la teoría de los seis grados nos demuestra que con solamente cinco personas en medio, estaríamos conectados, lo cual fue experimentado años más tarde -1957- por el psicólogo Stanley Milgram, que ya se había hecho popular por su experimento de la obediencia a la autoridad.

Decíamos al principio que en los toros también se cumple, dado que es verdad, y en virtud de tal afirmación veremos que cualquiera de nosotros está a mucho menos de seis grados de separación del mismísimo Adolf Hitler, por ejemplo.

Nunca me atrevería a decir que fui amigo del fotógrafo Cano, porque eso de la amistad es algo tan serio como sagrado, pero sí que tuve la suerte de compartir muchos chascarrillos de callejón y alguna que otra sobremesa. Por lo tanto, Canito se convierte en el primer grado de la serie, y como su figura se encuentra intrínsecamente a la de Manolete, pues aquí me encuentro conectado con el Monstruo tan sólo a dos grados de distancia. Y lo mismo con Luis Miguel Dominguín, Ava Gardner, Charlton Heston, Yul Briner, Alexander Fleming, Hemingway, Orson Wells, y con el pleno de aquel elenco mágico, así como con absolutamente todas las estirpes de toreros, novilleros y rejoneadores, de absolutamente todos los escalafones desde los años 40 hasta los primeros años del siglo XXI.

Como además Francisco Cano Lorenza también intimó con Franco, aquí me veo enlazado con el Generalísimo en segundo grado, tan lejos que parecía estar el hombre. El hecho histórico de que se entrevistase en Hendaya con el canciller alemán, sitúa a Adolf Hitler en el tercer grado de la cadena, de modo que en virtud de la Teoría de la Regla de los Seis Grados, estoy conectado a dos grados de Manolete y a sólo uno más de Hitler, aunque esta retahíla no convierte a nadie en un ser especial, porque encadenan lo mismo, todos quienes se mueven en áreas similares.

¿Por qué no hacéis la prueba y veréis qué divertido es? Pensad en quien más os apetezca estar vinculado y a continuación se irán abriendo los caminos que, contacto a contacto, os llevarán hasta ese personaje o personalidad, con un máximo de seis enlaces en medio.

Las redes sociales magnifican este fenómeno cuando, suponiendo que conozcamos a unas cien personas por término medio entre amigos, familiares y compañeros. Que cada uno de ellos sea lo mismo con otro centenar, ya logramos que un mensaje pueda llegar a diez mil personas. Siendo estos individuos contactos de segundo nivel, así que imaginemos hasta donde se puede llegar en el sexto grado.

No como hacen ciertos limitadísimos torerillos, que teniendo a su disposición todo lo largo y ancho de la preciosa, valiosa y diversa cabaña brava española, se quedan con Juan Pedro y Garcigrande en primer y único grado, como premio ex aequo para jetas discapacitados. Afortunadamente, casi nadie acude ya a presenciar semejante espectáculo.

José Luis Barrachina Susarte

En la imagen, Francisco Cano “Canito” una leyenda a la que alude nuestro compañero en su ensayo.