Vivimos en un siglo en el que los antitaurinos están muy presentes intentando derrocar a la tauromaquia. Hoy hemos visto una nueva acción de estos antitaurinos aunque no ha sido una manifestación, ni una prohibición ni nada similar. Lo que se ha vivido hoy ha sido un atropello contra la ilusión de los jóvenes que quieren ser toreros.

Cuando hace unas semanas se anunció un Circuito de Novilladas de Castilla y León consensuado por la Junta de Castilla y León y la Fundación del Toro de Lidia, crean que muchos aficionados nos alegramos y lo vimos como algo beneficioso para la fiesta. Sin embargo, esa alegría se torna hoy en tristeza al conocer a los semifinalistas.

Parece ser que el jurado (representado por una variopinta gama de “entendidos”) no vio o no quiso ver a un chaval llamado Juan Pérez Marciel cortar cuatro orejas y un rabo en Quintana Redonda (Soria). Sin desmejorar a sus compañeros los cuales también estuvieron muy finos en la tarde. Lo que más llama la atención del caso son las puntuaciones de los diferentes criterios del jurado. ¿Cómo es posible que un chaval que se va a portagayola para recibir a un novillo y pone banderillas tenga de actitud un 3? ¿Cómo es posible que existiera una absoluta comunión entre el novillero y el público y le concediesen el triunfo y el jurado le valore con un 2 en expresión artística?

Es una pena que los jueces se carguen un circuito por sus favoritismos. Por todos es sabido que quien no tiene padrino no se bautiza… Pero los que hemos visto a Pérez Marciel torear sabemos que el tiempo pone a cada uno en su lugar.