La señora de mirada fatua  y rostro afilado, como de cuchillo de postre, que ejerce de ministra del rimbombante Ministerio para la “transición ecológica”, aprovecha cualquier envite para decir, que a ella no le gustan los toros, y por tanto habría que suprimirlos, acaba de soltar su última parida: se siente muy preocupada por si los monos africanos resultan infectados por el traicionero virus chino.

El periodista Eduardo Inda resume todas estas falacias gubernamentales, haciendo una comparativa, como si Moncloa Palace hubiese montado una pasarela al estilo “Cibeles” para exhibir todas las tonterías y aberraciones ideológicas de estos personajes vomitivos. En la trastienda de ese escenario de las vanidades y absurdo postureo de un desgobierno puramente amateur, las víctimas confinadas en hospitales libran batallas agónicas sin apenas tener esperanzas de un mañana.

Siempre dijimos y seguiremos ponderando en el perfil sibilino que atesoran muchos de los anti-taurinos o animalistas: defienden o al menos creen utópicamente defender a los animales, pero cuando se presentan tragedias humanas como la actual prefieren mirar para otro lado. Nunca tuvieron empatía hacia su propia especie.

Ahora, en este tiempo de paréntesis, deben de estar eufóricos y brindar con champán, como algunos hacían cuando una banda terrorista sacaba sus colmillos e inmolaba a tantos españoles; no hay festejos taurinos, tampoco fiestas tradicionales como semana santa y sus desfiles; no hay fútbol, no hay vida en las calles, no hay nada. Para su mayor felicidad, la religión desapareció para dar el último adiós a las víctimas. Y eso es, precisamente lo que motiva al marxismo: el vacío, la nada.

A la ilustre ministra parece que le importa un bledo sentir ni compartir, aunque fuera la mínima solidaridad con los miles de fallecidos por la ya famosa pandemia. A ella sólo le preocupan el estado de salud de los macacos africanos; a ver si por esa fatalidad del destino también son apresados por la gripe china. En esas idioteces andamos, después de todo el sainete ofrecido por la ineptitud y gigantesca demagogia de unos gobernantes que bordean presuntamente la negligencia criminal.

Mientras este festival de insolvencia política sigue, en los hospitales de España, y sobre todo en Madrid, miles de seres humanos cruzan el umbral del más allá por no poder respirar. Parece, como si un bombardero hubiese dejado caer napal, -aunque tenga nombre de corona- especialmente sobre Madrid, y ahora, un frío viento siberiano recorre los miles de cadáveres que se amontonan en la ciudad castellana; pero estos humanos sólo serán un número estadístico para estos falaces mal gobernantes.

Ni un mínimo detalle póstumo, un gesto  de condolencia tuvieron por parte de esta infame banda, que sólo les preocupa  la marioneta Greta, el feminismo de cartón piedra, y los devaneos amorosos entre separatistas y los del otro lado del Atlántico; pero ahora les salió el toro negro de la muerte y ninguno de estos incompetentes lidiadores supo hacerle frente. El perro que fuera sacrificado por la posible infección del “ébola” recibió muchas más flores, condolencias, y solidaridad que estos más de nueve mil fallecidos hasta ahora.

Giovanni Tortosa