“Todo se derrumbó” es una grandiosa canción que compusiera el jerezano Manuel Alejandro para la “más grande”, es decir, Rocío Jurado. Tanto la letra y título son como un presagio de lo que habría de venir cuando la artista de Chipiona se fue de este mundo.  Nada más partir, las familias que tenían cobijo bajo su sombra, comenzaron a tener problemas. Aquello se rompió como un jarrón chino y ellos se adentraron a vivir  en tan turbias atmósferas. Si exceptuamos a Julio Iglesias, el “caché” de la chipionera era el más alto de todos los cantantes españoles;  por tanto, los dividendos que dejara a sus herederos no debían ser cualquier bagatela.

Al torero José Ortega Cano no le bastaba con ser admirado y conocido en los ruedos, respetado y valorado en el planeta taurino; él deseaba más, al parecer quería llegar a ser hiper-famoso, al menos en su país, España. Ya sabemos que, toreros como Manolete, Arruza o Manuel Benitez adquirieron la fama por su hacer en los ruedos; sin embargo, ahora la fama te puede llegar por ser consorte de, por haber dormido la siesta con cierta celebridad, o simplemente participar en esos “realitys” que la cadena amiga elabora con su entusiasmo habitual. Por tanto, ahora la fama se abarató, se vulgarizó hasta extremos nauseabundos.

Cuando el torero de Cartagena anunció el casamiento con Rocío, en los habituales corrillos taurinos madrileños se decía que Ortega ansiaba la popularidad que traería su evento nupcial con la tonadillera de Chipiona. El crítico Navalón tampoco se quedó callado, y escribía acerca de lo que se le venía encima a Ortega: “Ahora dejará de ser el torero importante que fue, para ser el marido de esta señora”. Y nada más pasar por el altar, el respetado torero pasó a una espiral de elucubraciones, entró en una vorágine de frivolidades. Ya, en la misma celebración de boda se generaron situaciones que han pasado a la historia del chascarrillo popular, como el célebre cante aflamencado que tuvo el torero junto a Rafael Corbelle; el celebérrimo “estamos tan agustito”. Las comparsas y chirigotas gaditanas tomaron aquel casamiento con gran acidez y sarcasmo. La figura de Ortega ascendía en popularidad, pero también es cierto que aquello tenía matices que no eran ciertamente respetuosos hacia él.

Junto a Rocío, mantuvo la ganadería “Yerbabuena”, que llegaría a debutar en Las Ventas.  El torero se reconvirtió en empresario, y junto a uno de sus sobrinos comandó “OrteUnión Espectáculos”, dirigiendo las plazas del Puerto de Santa María, Cieza y Benidorm. También ejerció como apoderado de Uceda Leal, Rafael Cerro y Morenito de Aranda. Con la actuación del propio torero-empresario, en un festejo junto a Morante y Manzanares en Benidorm, se cierra este capítulo. A partir de ahí, de Ortega sólo sabemos a través de los voceros de la tele-basura. Las imágenes del ex-torero rodeado de pseudo-periodistas atiborrados de micrófonos, pidiéndole respuestas a las últimas declaraciones de Amador Mohedano; acerca del último ligue de la niña Gloria Camila o las actitudes cariñosas de su esposa con algún concursante en la isla de los disparates y el absurdo.

No vemos muy feliz a Ortega en estas situaciones, se le ve hastiado, cansado de todo ese sarao frívolo e insustancial; incluso alguna vez se le ha visto implorar que le dejasen en paz. Evidentemente, no debe ser placentero cada vez que salgas de tu casa, encontrarte con esa caterva de morbosos voyeurs. Hace años que el maestro José Ortega Cano vendió su alma al diablo del famoseo, y ese diablo en España se llama Tele-5. En esa televisión hay programas expertos en “hacer picadillo”, son trituradoras de carne, hacen auténticas autopsias en vivo y directo. ¿Y qué pinta un contrastado maestro en tauromaquia, siendo servil a la causa de estos anti-taurinos oficiales, que para colmo sus satánicos presentadores han condenado alevosa y premeditadamente a varios toreros españoles?

Giovanni Tortosa

Pobre Ortega Cano, con lo que fue este hombre como torero para quedar, en la actualidad, en el estercolero del periodismo más amarillo. Si antes nos producía admiración, ahora es digno de lástima.