Partiendo de la base de que este tercio en la antigüedad era el más preciado y venerado por todos y era lo primordial en las tientas empieza este análisis, cosa que hoy se ha llevado a un extremo muy poco benévolo para el toreo, ya que en algunos casos ni se mira, es un mero trámite sin importancia alguna, para que vean cómo han cambiado las tornas.

El tercio de varas es un tercio apasionante que cuando se plasma en plenitud es el tercio más espectacular, emocionante, vistoso y apoteósico de la lidia, una suerte milenaria y ancestral cada vez más destetada de su esencia, olvidada y perdida en tierra de nadie, de todas maneras creo que se puede recuperar, empezando por aminorar el peso del caballo y del peto.

De nosotros y del mundo del toro en general depende la mejora y la salvación de la misma, que desde luego con este planteamiento de la lidia está avocada a desaparecer y esto sería un auténtico problema, ya que aparte de la grandeza efímera de esta suerte, se inhabilitaría por completo la viabilidad de las faenas.

Ya que el toro sin picar en la muleta es prácticamente intolerable y el ejemplo de esto está en Portugal dónde no se hace uso del varilarguero por lo que los bureles llegan a la franela totalmente enteros y con unas acometidas embarulladas, destempladas, alborotadas, descompuestas y aviolentadas que frustran cualquier intento de cadencia y de lucimiento y son zaragatas de manual que parecen realizadas por chavales de escuela y no  por toreros ya consolidados, por lo que reitero en lo dicho, las corridas sin el caballo son totalmente impensables.

Lo que pasa es que claro, el toro de las figuras ya bien podría estar sin castigo que llega al paño totalmente desfogado y apaciguado por su flojedad y debilidad acusada, por lo que tienen unas embestidas mecanizadas propias de animales blancos hasta la saciedad, por eso muchos taurinos quieren hacer desaparecer este tercio, ya que es una incomodidad menos para ellos, por no decir los picotazos piadosos que reciben unos y los puyazos asesinos y quebrantadas resoluciones  que se le otorgan a otros.

Un tercio que es sumamente importante en el que el toro tiene que ser el epicentro del mismo y debe de adquirir el máximo protagonismo, aparte de ser la base de la selección y el requisito fundamental en las tientas, es el termómetro medidor de la bravura en todo su significado.

¡VIVA LA SUERTE DE VARAS AUTÉNTICA EN SU PUREZA! Porque solo con la  integridad y con la verdad se defiende y se fomenta la fiesta de los toros, eso que no le quepa duda a nadie y sin ella no vamos a ningún lado, bueno sí a la desaparición sí lo estiman mejor.

¡Por si algunos no lo sabíais el toro de la fotografía es “Capitán” de Hernández Esplá, lidiado el 15 de mayo de 1979 en Madrid, para mí uno de los  últimos grandes toros que han peleado de verdad en las cabalgaduras, por no decir el último que ha desplegado de forma pletórica su ardimiento y su codicia, bravísimo se le queda corto, un derroche masivo de casta, raza, fiereza, combatividad, entrega, poder, el crecerse más cuánto más duro sea el castigo, prestancia y empuje de unas acometidas que pareciesen inagotables, ilimitadas de fortaleza e imbatibles, aquella tarde se juntaron los credenciales más auténticos de la BRAVURA más verdadera!  Un toro mítico, emblemático e inolvidable, un toro que se encuentra en un sitio privilegiado de los anales de la historia de la tauromaquia, un burel de leyenda. ¡Batalla y pelea en estado puro! Dato: Más de dos minutos de reloj en los que la puya estuvo dentro del morrillo, háganse a una idea…

¿Pero cómo suelen decir, en el toreo no existen verdades absolutas, y vosotros que pensáis acerca de la evolución de esta suerte?

Por Enrique Bautista.

@aficionadostauro

Fotografía Jennifer Harispe