Matilla se quedará hasta sin calderilla debido al fracaso rotundo que ha supuesto esta segunda corrida de abono en Vistalegre porque, como si de una maldición se tratare, apenas mil quinientas personas en el tendido; es decir, Santiago Abascal como amigo de Morante y unos cuántos más. Lo sucedido en este día nos deja para pensar….y mucho. Aquello de que se confeccione el mejor cartel del año y que la gente no acuda en Madrid a los toros, insisto, deja que pensemos los aficionados que, sin duda alguna, se han cansado del fraude que supone este tipo de espectáculos y le han dado la espalda. Era un cartel para reventar Las Ventas que, en otro momento, seguro que así hubiera sido pero, el mal fario se pasea por Vistalegre.

Se lidiaban los burros de Juan Pedro de correcta presentación aunque, de una santa vez, este hombre debería de poner en los carteles para que nadie se llamara a engaño el siguiente rótulo. En el día de hoy se lidiaran seis burros amorfos, sin alma, sin casta, sin emoción y sin peligro aparente para los siguientes diestros….los que sean. De ese modo no habría sospecha de nada y nadie se sentiría engañado pero, que esos animales se anuncien como una corrida de toros, con razón la gente no quiere saber nada de esta maldita parodia. Sin duda, la prueba de hoy en lo que al público se refiere ha sido dantesca. Ya, los toreros, cuando hicieron el paseillo y vieron el panorama, sus caras lo decían todo, sobraban las palabras. Tiene cojones la cosa de que las tres máximas figuras del toreo, por San Isidro y en Madrid, congreguen menos gente que en una novillada sin picadores.

Ponce ha tenido un primer ejemplar santificado pero, el problema es que estábamos en los toros, no en ninguna celebración eclesiástica en la que, los fieles suelen dar limosna los domingos; los toros son otra cuestión porque se pide mucho dinero por una entrada y la gente se ha cansado. Enrique ha estado correcto, pulcro, con pasajes bellos pero, como digo, carente de alma y de emoción y, ¿qué es una corrida de toros sin emoción? Una parodia, está clarísimo. Su segundo con más apariencia de toros le ha salido dando trompicones que, lógicamente, no eran las embestidas correctas para enjuiciar al abuelo del escalafón que, con semejante material, matará toros hasta cuando tenga la edad de Nicanor Villalta, si acaso, aunque sea para superar al maño.

Morante ha toreado a la verónica como los ángeles a su primero, algo que ha hecho más tarde con la muleta porque su toreo, pese a todo, sigue siendo inmaculado. La cuestión estriba en que no tenía enemigo; era un alma cándida vestida de toro que, para un tentadero, Morante ha estado sublime pero, era un festejo serio. De todos modos, el arte peculiar de Morante ha aflorado en toda su faena. Que es un gran torero lo sabemos todos pero, por favor, que se apunte de una santa vez a una corrida encastada porque, de lo contrario, siempre nos dejará la sensación de tentadero, nunca de un espectáculo serio. En su segundo se lo han devuelto porque ya salía muerto de los chiqueros. Ha salido el sobrero de Daniel Ruíz que era un burro enfermizo sin querer embestir en lo más mínimo. Sin en su primero le han regalado una oreja de Morante, con este ejemplar ha dado el mitin correspondiente, imagino que sería para homenajear a Santiago Abascal que, de mítines sabe mucho. Aquí no juzgo a Morante porque, insisto, el burro no tenía un pase.

Pablo Aguado era el esperado que, en su primero, ha toreado con el capote de forma angelical. ¡Qué gran torero es Pablo Aguado! Vamos que, si dura la fiesta un par de años más se comprará un cortijo pero, al paso que vamos dudo que la fiesta de los toros resista más allá de un telediario. Su toreo tiene ritmo, compás, como diría Rafael de Paula pero, su primer animalito tenía muy poca fuerza, toda la nobleza del mundo pero, con semejante material, convencer es muy difícil. Su faena, aunque de trazo bello, ha sido superficial; mucha estética y ninguna profundidad. Ha matado como ha podido y nadie ha dicho nada pero, en Las Ventas, la bronca hubiera sido de escándalo, no por nada, porque no había toro. En su segundo, otro marrajo mal oliente que no tenía un pase. Ha dado otro sainete con la espada y muerto el perro se acabó la rabia.

Y lo peor está por venir en dicha feria porque salvo un par de corridas, todas las ganaderías que tienen que lidiarse llevan el sello Domecq, es decir, el fracaso como norma. Al tiempo. Y, cuidado, quiero equivocarme.

Sin toros, sin gente, sin ambiente, sin color ni olor, como decía, ni calderilla, Matilla.

Pla Ventura