Vamos a visitar a los cuatro rincones de Europa, concretamente a Polonia, Grecia, Suiza e Irlanda, y experimentar sus tradiciones navideñas. Rápidamente, nos damos cuenta de que en Europa no somos tan diferentes como podríamos pensar aunque tenemos nuestros gustos y tradiciones particulares.
En Polonia la Nochebuena es la fiesta más familiar e importante de todas. En Nochebuena no se debe comer nada hasta que la primera estrella aparezca en el cielo.
El primer graciosillo ya está preguntándose qué se hace en el caso que haya muchas nubes. Pues se inventa una estrella si es preciso. La estrella es una señal que ya se pueden sentar a cenar en familia. Siempre se deja un cubierto más, una silla extra. Como dice un proverbio polaco: «Huésped en casa, Dios en casa.»
Típicas comidas en estas fechas son arenques con cebollas, sopa de setas, pavita rellena, lomo de cerdo relleno de ciruelas pasas. Todo dependiendo en qué parte de Polonia estemos.
En Grecia no hay Papá Noel ni se reparten regalos en Nochebuena, más tarde sí. Tampoco tienen un árbol de navidad en casa, pero sí tienen unas maquetas de madera en forma de veleros. En las calles se pueden ver unos veleros gigantescos llenos de luces, que es un auténtico espectáculo. Estos veleros son en honor de San Nicolás que es el santo patrón de los marineros, puro reflejo de la estrecha relación de los griegos con el mar.
El día 25 de diciembre por la mañana las familias griegas van tradicionalmente a la iglesia. En ese mismo día se come galopoula, pavo relleno de castañas, uvas pasas, nueces y almendras o cordero con patatas al horno.
La mayoría de los hogares reciben a grupos de cantores y recitadores y les ofrecen dulces y fruta para compartir. Pueden ser unas galletas azucaradas, los kourabiedes, que se hacen con brandy o vainilla.
El día 1 de enero Agios Basilis (San Basilio), el verdadero Papá Noel griego, se encarga de repartir regalos. Luego se suele comer roscos de San Basilio que se parecen mucho a los roscones de reyes en España. Quién se encuentra la moneda escondida en el rosco, tendrá un año de prosperidad y buenos augurios.
Se dice que en navidades llegan a Grecia unos seres, kallikanzaroi, que son unos duendes malvados y traviesos que bajan por las chimeneas de las casas para asustar a la gente en navidades hasta el día 6 de enero. Traviesos sí, pero, por lo que visto, muy obedientes con las fechas.
Una de las tradiciones más típicas de Suiza es el calendario del Adviento para contar los días hasta navidad. Este calendario es muy típico también en los países nórdicos.
El día 24 de diciembre es tradición en muchos hogares helvéticos dedicar alguna comida o cena de Navidad a la fondue, como un wok a base de carne que también admite verduras y pescado lo que se conoce como fondue chinouse.
El Papá Noel, San Nicolás, o Samichlaus como se le conoce cariñosamente en alemán, reparte regalos para alegrar la vida de los niños, y está acompañado con su inseparable ayudante Schmutzli (el mugrusito) y un burro de verdad. Hay miles de burros registrados en Suiza solamente por este fin.
La última parada es Irlanda, la cuarta esquina de Europa. Irlanda es un país católico y las tradiciones acordes con ese hecho. Se celebra la navidad de forma bastante similar que en otros países europeos aunque siempre guarda alguna particularidad. Por ejemplo, el día 24 de diciembre el benjamín de la casa coloca y enciende una vela en el alféizar de la ventana como símbolo para dar la bienvenida a la sagrada familia. Esa misma vela puede ser apagada solo por una mujer o niña llamada María.
Los mercadillos navideños son muy típicos de Irlanda con sus olores, colores y luces. En Dublín es muy popular el mercadillo del «12th Day of Christmas», que también es una canción conocidísima del mismo nombre. En el mercadillo se ofrece por ejemplo «Mulled wine», una especie de vino tinto caliente con especias y canela.
El 26 de diciembre es el día de St. Stephan (Día de San Esteban). En ese día los jóvenes salen a la calle para celebrar el «Wren Day» y desfilan cubiertos con máscaras de paja, llevan palos, hacen mucho ruido, cantan canciones y piden dinero. Quién les da un donativo se le da una pluma cargada de buena suerte.
Olvídense por un momento el excesivo consumismo y disfruten, sin prisas, de las nevadas, de las luces, o simplemente de su existencia. Diviértanse con la familia y con los amigos. Busquen ese verdadero espíritu navideño que todos, pequeños y grandes, albergamos en nuestro corazón.
Acuérdense que no es el más afortunado quien más tiene, sino quien menos necesita para ser feliz.
Quiromasajista Juha Karlsson
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