Las declaraciones del alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli –del partido popular- nos han hecho temblar a todos los aficionados y, sin duda, al toreo entero. Como sabemos, la plaza de toros ovetense lleva muchos años desolada puesto que, los anteriores gobiernos así lo habían decidido. Vamos que, como mostramos en la foto, la plaza da grima verla. Eso sí, ha llegado el partido popular al gobierno y, Canteli, como alcalde, ha dicho que va a remodelar la plaza y dejarla más bella que un San Luis, cosa que le agradecemos desde estas páginas.

Claro que, lo que no imaginábamos era por donde iban los tiros y, nos ha salido el tiro por la culata. Gozosos como estábamos al conocer la noticia de que, en primer lugar, Oviedo era regido por un partido al que admiramos y que tantas cosas buenas ha hecho por la sociedad en que vivimos, entre ellas, eliminar el impuesto de sucesiones y donaciones como ha sucedido de forma reciente en las islas Baleares, amén de otras comunidades que, en su momento adoptaron esa medida de gracia para sus ciudadanos.

El jarro de agua fría que ha supuesto para los aficionados, las palabras de Alfredo Canteli son para ponernos a llorar. Dice el edil popular que va a remodelar la plaza pero, para dar todo tipo de espectáculos menos los toros porque, según este sujeto, los toros son deficitarios para la ciudad. ¿Se puede ser más tonto del culo? Y si no se podía, Canteli, lo ha logrado. ¿Cabe mayor sandez en las palabras de un político? Confieso que, siempre creí que los tontos anidaban en la izquierda pero, este hombre, para hacerme quedar mal, él ostenta el número uno de la tontuna.

¿Cómo que dar toros es deficitario? ¿Y él como lo sabe si no lo ha experimentado? Este hombre no debe de ser aficionado y, muy listo tampoco será porque, decir semejante estupidez es para detenerlo.  Vamos a explicarle a este político cómo funciona el asunto de las plazas de toros de propiedad municipal. Valga como ejemplo cuando hace muchos años José Luis Lassaletta, como alcalde socialista de Alicante, compró la plaza de toros a la familia Guixot y, la misma nunca ha sido deficitaria; digo la de la capital de la Costa Blanca como otras muchas que existen en España. Volviendo al tema de Alicante, Lassaletta, compró la plaza, puso un pliego de condiciones para que optara a la misma la empresa que lo creyera oportuno y, así, hasta la fecha.

En Alicante, como en otros muchos sitios, los coliseos taurinos se utilizan para dar toros, en primer lugar, claro está; pero, a su vez, para programar infinidad de espectáculos que, como los toros, aportan mucho dinero a las arcas del ayuntamiento correspondiente. La plaza que comprara aquel alcalde socialista que, como se demostró, tenía cerebro, pasados los años, con los beneficios obtenidos el coso ha sido amortizado con creces y, sigue siendo propiedad de todos los alicantinos.

Siendo así, ¿dónde está el déficit que argumenta el alcalde antes nombrado? El hombre puede restaurar la plaza como ha sucedido en Lorca que la destruyó el terremoto del que, los lugareños, tantos años después siguen esperando las ayudas que les prometió un indeseable llamado Zapatero. Una vez arreglada la plaza como Dios manda, se hace un pliego de condiciones y, licitantes los encontraría por doquier. Queda claro que, la cantidad de beneficios que el ayuntamiento le estipulara al posible arrendatario, al final de la temporada irían a las arcas municipales. Esto lo entienden hasta los niños de pañales ¿verdad? Pues este hombre no se ha enterado y, su afirmación de que los toros son deficitarios para la ciudad, eso es una insensatez sin parangón. Solamente mirando a su lado, a un tiro de piedra tiene a Gijón que, sin duda, es el paradigma del norte de España en la región asturiana si de toros hablamos. Una plaza que la tuvo dos años cerrada la indeseable Ana González, alcaldesa sociata de la ciudad pero, una vez restablecido el orden en Gijón, se han dado toros y, por cierto, con enorme éxito. ¿Quién nos puede negar que en Oviedo no pudiera suceder lo mismo? Lo peor, en política, es que tenemos que combatir contra muchos descerebrados, gentes malévolas que, con mejor o peor intención, hacen un ridículo de espanto y, lo que es peor, hacen mucho daño a sus conciudadanos.