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ENCASTE SANTA COLOMA (CAPÍTULO I )

En 1904, don Eduardo Ybarra hizo saber que estaba dispuesto a vender su ganadería, enseguida le llueven ofertas de compra: la primera procede de Manuel Fernández Peña, un yerno de la viuda de Murube, quien después de seleccionar algunos sementales para refrescar sangre al año siguiente 1905 revende todo al Conde de Santa Coloma.
A esta compra el conde adicionó un lote de reses propiedad de Rafael Rueda Osborne, marqués de Saltillo.
Ambas ramas derivaban de un mismo tronco el de Vistahermosa.
La viuda del Marqués de Saltillo, madre de don Rafael Rueda, siempre se negó a vender un solo animal, sin importarle las numerosas peticiones de compra que tenía. Pero con el principio de siglo coincidieron acontecimientos que determinaron la evolución de la ganadería. Fallece la viuda, y su hijo Rafael Rueda el nuevo Marqués satisface toda la demanda que tenía de compra de sus reses, motivo por el que vende a su amigo el Conde de Santa Coloma, así como a varios ganaderos entre los que vende a México.
El Marqués de Saltillo muere en 1914, y su viuda hermana de don Felipe de Pablo Romero le cede a su hermano algún Saltillo.
El Conde de Santa Coloma limitó su cruza a una primera generación, vacas de Ybarra y sementales de Saltillo.
El Conde decía que lo duro eran los saltillos; lo bueno, los Ybarras.
Es por eso que en la primera época del Conde los toros son más finos, más en tipo Saltillo y con más caja los de Ybarra.
Pero como al Conde le gusta más lo de Ybarra, en 1912 vende a su hermano menor, el Marqués de Albaserrada gran parte de lo de Saltillo puro, conservando para él las vacas con mejor nota de cada camada, Ybarra y Saltillo.
Cuando en 1916, Paco Coquilla, y el 1920, Graciliano Pérez Tabernero, acuden a él, les vende el desecho de sus Ybarras puros algunos cruzados y algunas vacas de Saltillo puro que llevan el hierro de Albaserrada.
De ahí se desprende que la ganadería de Paco Coquilla tenía más de saltillo que la de Graciliano Pérez Tabernero.
En pocos años el Conde de Santa Coloma sentó las bases para cuatro encastes distintos :
Albaserrada, Saltillo puro.
Coquilla y Graciliano cruzas con predominio de Ybarra.
Buendía combinación de las dos sangres, con predominio Saltillo.

 

El toro más bravo que lidió el Conde de Santa Coloma el nº 70 ” Bravío “. Toro desechado por chico en la plaza de Madrid por los veterinarios, pero que se lidió pues el ganadero amenazó que de no hacerlo retiraba la corrida.
Fue el 11 de mayo de 1919, lo lidió Saleri II que no pudo con él, tenía cinco años pasados, y casta y trapío.
El toro tuvo bravura encastada y fiereza envenenada. Se arrancaba de largo, como un centella, según Saleri II, le olía, le buscaba y no le perdía de vista, lo cierto fue que el público le pitó al torero.
Hay que tener en cuenta que en esa época el ganado era muy encastado, con mucha movilidad y temperamento.
Fueron tal las ovaciones delirantes del público, que el tiro de arrastre paseó el cadáver de ” Bravío ” en una vuelta al paso lento, el Conde tuvo que saludar varias veces.
El toro ” Bravío ” figura en los anales de la Fiesta como uno de los toros más bravos lidiados en Madrid.
” Bravío “, el toro perfecto con el que seguramente el Conde había soñado cuando trataba de combinar las mejores cualidades de los Ybarra y los Saltillo.
Desde el principio las reses del Conde fueron del gusto de la afición pero poco apetecidas por los toreros del momento, en cuanto podían las rehusaban.
Excepción significativa la de Joselito ” El Gallo ” que se encerró en Sevilla con 6 toros del Conde de Santa Coloma, el 30 de Septiembre de 1915.
Hasta el 30 de septiembre de 1915 no se había concedido jamas a torero alguno, en la Plaza de Sevilla, el galardón de la oreja. Eran tiempos bien distintos a los actuales. Joselito que entonces tenía 20 años de edad, mató él solo aquella tarde 6 toros del Conde, que enardeció y entusiasmó a los aficionados.
Su éxito culminó en el quinto de nombre ” Cantinero ” realizando una faena inenarrable y echándole a rodar de un impecable volapié.
Los espectadores, puestos en pie, trémulos de emoción, subyugados ante tanta belleza, sacaron el pañuelo en demanda de la oreja, que le fue concedida por el presidente, concejal señor Filpo.
El propio Joselito también sacó su pañuelo. Fue al retirarse al estribo de la barrera para hacerle entrega a su mozo de estoques de la muleta y la espada.
El fenómeno de Gelves se enjugó las ardientes lágrimas que la emoción desgranaba por sus mejillas.
Después mandó disecar la cabeza de ” Cantinero ” y la colocó en el despacho de su casa de la Alameda de Hércules.
El Conde creo un toro bravo y encastado, que acometía de forma exhaustiva hasta que moría, prácticamente de pie.
Era además un toro muy inteligente, con ojos de gran vivacidad y fijeza, mirada inquietante y agresiva, genio vivo y enorme prontitud en la embestida, con lo que no daban mucho tiempo a pensar a los toreros.
En cuanto al Conde de Santa Coloma, después de 27 años de exitosa trayectoria, enfermo y prácticamente arruinado se encuentra en la obligación de vender su tesoro ganadero en 1932.

( Continuará… )

 

Por D. Mariano Cifuentes

2018-01-05T21:41:58+00:00