Es rara la tarde, que José Chacón, no salude montera en mano… una ovación del público congregado en la plaza. Cada temporada, cada tarde, se va consolidando como uno de los grandes baluartes de los toreros de plata. Con humildad y respeto, atiende las ovaciones otorgadas desde la grada, siempre discreto, en segunda fila, “el mérito lo tiene el matador” nos comenta. “Yo intenté ser torero, pero llegué solo a novillero sin caballos, y poco a poco, me fui metiendo en esta profesión, la afición era muy grande”

“20 años no son nada”, cantaba Gardel, esos mismo que lleva José Chacón realizando un trabajo en ocasiones que pasa desapercibido. Fue D. Rafael Chacón quien le metió en el cuerpo este bicho, este gusanillo que le recorre por dentro, esta pasión que le llena de valentía al pisar una plaza, o coger un par. El amor a uno profesión, a un arte, a un torero le hace ser discreto y comedido, pero por dentro corren ríos de ímpetu y entusiasmo al realizar una labor imprescindible.

Muchos toreros han sabido apreciar su profesionalidad, su reflejo en oro. En sus inicios con Diego Ventura, hasta Fernando Cepeda, Morante de la Puebla, pasando por José Tomas y su torero fijo en la actualidad Sebastián Castella. También se mueve por el circuito más duro, con López Chávez, Octavio Chacón –No son familia-, Emilio de Justo.

Sin volver la cara a nada, superando los retos y obstáculos. Las situaciones difíciles, enfrentándose de tú a tú, con el pecho por delante y las manoletinas ligeras. Un novillo del Conde de la Maza, le hizo sudar y padecer en la Real Maestranza de Sevilla, pero también le hizo aprender y madurar. De las derrotas también se aprende. Muchos toros difíciles han venido después,  y los ha sabido lidiar con tacto y suavidad, y parear con gallardía y pureza.

Sorprende a muchos por su ligereza, por sus pies, de comprensión robusta, pero con un oficio que data desde 1999, cuando debutara con la plata. Ya no es una novedad, ya está consolidado en el escalafón, ya le esperan los aficionados, ya tiene muchos seguidores. Tal vez, por los detalles, por su atención a la lidia, por su afición a un terno, que en ocasiones refleja oro. Aplaudido y ovacionado en Madrid en muchas ocasiones en 2020, me quedo con aquel toro que se llevó a una mano, de punta a punta, de la plaza de las Ventas, en la encerrona de Ferrera.

“La amplitud de encastes es necesario en el circuito” no cuenta fervientemente, para proseguir con otra frase muy bonita, “La belleza y la emoción son necesarias en partes iguales”. Mucha madurez en sus afirmaciones, que llenan de alegría muchos corazones.

Por Juanje Herrero