Azcona, de la “generación de los cincuenta”, trae referencias y pasajes toreros en todas sus novelas, alguna, taurina total.

A Rafael Azcona se le incluye en el grupo de “La generación de los 50” y también se les nombra “Los niños de la guerra”, como refiere en un libro Josefina Alcolea. Implica la lista a Jesús Fernández Santos, Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, Rafael Azcona, Juan Benet, Juan García Hortelano, Medardo Fraile, Caballero Bonald, Ignacio y Josefina Aldecoa y José Ángel Valente.

Uno añadiría a Manuel Vicent, Harguindey, Molina Foix, Cuerda…y abriendo el paseíllo de estos “chavales” pondría a Galdós, Baroja, Clarín, Valle Inclán, Cunqueiro, Josep Pla…Nos llenaron unos años tras la muerte de Lorca, Unamuno, Machado o Miguel Hernández ya que los vivos Sénder, Pérez de Ayala, Ortega, Max Aub, Guillén, Juan Ramón, Salinas, Alberti… estaban exiliados.

José Luis Cuerda dejó escrito que “sin un buen guión es imposible hacer una buena película” y Azcona solía repetir: “Los guionistas somos como las putas que trabajan para dejar satisfecho a quien les paga”.

Es demostrable que Rafael Azcona fue de los “reidores” en este país  aciago en tantas épocas. Los sabios lo incluyen con Cervantes, Goya, Buñuel, Tono, Berlanga, Mihura, Gila…¡De acuerdo!

Vuelvo al reciente libro de Cuerda que cita al riojano  Berceo como inventor de nuestro idioma, que sin preparación filológica no se entiende. Añade que Azcona lo “inventó” luego en Logroño. Cierto es que lo que escribió el guionista lo entiende todo cristo porque se ajusta a lo ordinario de la vida y la calle. Vayamos con el toreo.

Hay un libro de Rafael, que nadie cita, porque lo escribió en el 53 con el seudónimo de Jack O´Relly para “Biblioteca de chicas”. Se titula “Amor, sangre… y dólares” y en él se lee “Adaptación del inglés por Azcona”. Me enteré de la joya después del 2006 y se trata de una novela taurina desde la primera a la última línea: Novillero español, joven americana con dinero, cornadas, boda in artículo mortis y final en un cortijo. Este es la real primera novela de Rafael Azcona.

En los cientos de ejemplares de La Codorniz, años cincuenta, se publicaron numerosos esbozos de Azcona referidos a la fiesta de toros. Con fondo… y sentido cómico. Desde los que comentaban pasajes en el ruedo a los referidos al afeitado, encierros pueblerinos, picadores… hasta el matador que mojaba la punta de la espada en un frasco  con etiqueta: “Veneno para flechas”. Recuerdo otra viñeta en la que el matador, al hacer el paseíllo,  lleva un cartel a la altura del vientre: “No tocar. Peligro de muerte”. O la que muestra un toro de culo al maestro  que le dice al peón de confianza: “Dice que no embiste porque es de “La Sociedad Protectora de Hombres”.  Y así cantidad. De ahí que la fiesta de toros no dejaba de estar en la vida de los españoles ¡Lo mismo que hoy que se pelean diarios y otras publicaciones por ofrecer algo taurino que no sea la última aventura de Ponce! ¡Ya!

Me viene otra estampa del “Repelente niño Vicente” en el patio de cuadrillas de Madrid. Están los toreros liándose el capote de paseo y dice el repipi a un matador: “Insensato: ¿No conoce lo de en Madrid murió Granero, en Sevilla Valerito y en Talavera de la Reina murió el diestro Joselito?”. Así de puesto estaba Rafael.

En los textos codornicescos abundan las páginas llenas de humor taurino…fundamentado y con retranca. Se recogen en el libro “¿Por qué nos gustan las guapas?” donde hay abundante uso del argot taurino y alusiones a la feria de Logroño. Teatro en un coso con el título “Olé mi niño”, en otro apartado vacila con “saber decir olé”, matiza la bravura escribiendo sobre “la espontánea vaca Vicenta” con salto atrás en la embestida…Pasajes de toreros a hombros, lances de toreo y copla, la puntilla, el afeitado, matices cachondos de la suerte de varas, explicación del toreo para turistas…todo albardado con normas para bien vivir y lidiar a escépticos y pesimistas.

“¿Son de alguna utilidad los cuñados?” es prolongación del anterior ejemplar y rebosa ironía sobre apoderados y periodistas dando consejos a toros bravos. Es humor y crítica taurina y social. Son valiosos y certeros artículos de opinión que retratan la pobre España gris, asustada y puteada al final de los años cincuenta.

En tauromaquia escribe sobre la “joven y necia Leonor”, que iba para aparejador y “se vistió de novillero sin recato ni pudor”, bebiendo vino en los colmados y “en algún sitio peor”. Tras fracasos y cogidas se hizo picador.

Escribe del espontáneo: “Un señor de apariencia vulgar que se lanza de repente al ruedo ante las dificultades profesionales”. Concluye que un mundo con más espontáneos sería menos aburrido ¡Ole!

Del apoderado señala que prepara un chaval en tentaderos y pueblos, compra planas de prensa y a la crítica, lo ensalzan, va a Madrid y… gana algo. Se asocia con toreros, empresarios, ganaderos y cronistas…se carcajean de los toros y hasta “les dan puntapiés en la boca del paladar en provincias y sitios así”.

“Si la fiesta fuera inglesa saldría del toril un indígena de cualquier colonia y el natural sería con la derecha por llevar la contraria”. Añade más guasas británicas.

Trata a los toros de imbéciles por “dejarse torear  y que cualquier muchachito les dé pataditas en el hocico, pellizcos o les haga mofa o burla. Tendrían más posibilidades con dos cuernos como Dios manda, riñones inquebrantables y pérfida intención”. Lo anterior es una muestra. Muy significativo el final, hace 60 años: “A ver si veo en la próxima seis toros de aúpa. Es que si no me aburro, hombre”. ¡Y hoy! .

No faltan chistes de  Mario Cabré en la “Vida del Repelente Niño Vicente”, o Fermín en “Los ilusos” que presume de ser torero en el Metro.

Uno de los que van a Ibiza, a ligar rubias en “Los Europeos”, quiere comprar en Madrid banderillas para sorprender a las extranjeras. Y en la pensión final de Barcelona “coincide”, el enamorado, con dos lamparillas encendidas ya que el sobrino de la dueña toreaba esa tarde.

En “Memorias de un señor bajito” no falta un banderillero y en “Otra vuelta al cochecito” incluye Bernardo Sánchez fotografías de Rafael en el club taurino de Logroño leyendo “El Ruedo”, con “El Niño de la Palma, mediados los años cuarenta, y acompañando el paseo de un torero a hombros por las calles de Logroño.

“Memorias de sobremesa” es un lujo que contiene conversaciones de Harguindey con Azcona y Manuel Vicent, que cita en 5 ocasiones a Rafael en su reciente libro “Ava en la noche”. En el capítulo “Los toros y el azar” reconoce el guionista riojano que, como chaval de humilde condición, le hubiera gustado ser torero pero no tuvo valor. Explica que en Madrid los toros le atraen menos que en provincias donde se entera todo el mundo, es día festivo y un acto social. Recalca cómo hay público que tiene a gala haber visto morir a un torero: “De la corrida en la que murió Manolete han hecho una tirada de millones de entradas y parece que estuvo allí medio mundo”. Es un libro para repasar y tomar nota.

Al fallecido en “Los muertos no se tocan”, buen aficionado, lo amortajan “como para ir a los toros”. En el velatorio, su  hijo recuerda el toro que le brindó Marcial Lalanda y el presidente del club taurino local da una lección de femoral, cornadas…En la despedida se escucha: “A hombros como los toreros grandes”.

Un apartado de “El Pisito” explica las cualidades de la carne de caballo de picar y Juan Cruz en “El peso de la fama”, al referirse a Rafae,l nombra a Dominguín en “La Alemana” de la Plaza de Santa Ana y las veces que el escritor asistía con Marco Ferreri a los toros en Carabanchel.

Pedro Mari Azofra.

PIE DE FOTO

-José L. García Sánchez, Harguindey, el Duque de Gor, El Puno, Rafael Azcona, Luis Alegre, Paco Camino, Julio Aparicio, El Macareno y Miguel Flores.

Portada de la novela “Amor, sangre…y dólares”.