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URCOLA ( CAPÍTULO I )

Don Félix Urcola, en los inicios del siglo XX, en la Sevilla exuberante que vivía los negocios taurinos, don Félix un banquero bilbaíno, representa un papel primordial.
Su nombre ha terminado en la misma oscuridad de tantos otros ganaderos que no tuvieron la suerte de que su obra les sobreviviera.
Sus toros gozaban de una gran calidad.
Don Félix era parroquiano de un café del centro donde tenía su tertulia con otros ganaderos. Su jactancia era legendaria, y no había un solo tema en el que no quisiera ser el primero. Si uno le felicitaba por la calidad de sus monocasines ingleses, explicaba inmediatamente que el zapatero que tenía en Londres era el mismo que trabajaba para el Rey Jorge.
El 25 de julio de 1902 adquirió don Félix la mitad de una de las ramas de Vistahermosa que poseía el ganadero sevillano don José Antonio Adalid – antes de Francisco Pacheco -, Teresa Núñez de Prado – José Arias de Saavedra – ,Juan Dominguez Ortíz ( El Barbero de Utrera ) – conde de Vistahermosa – porción compuesta por 214 vacas y 113 machos.
Sus toros acusarían en la lidia distinto comportamiento, pero en la edad, en trapio, en presentación acreditaban a su dueño como un esmerado y concienzudo criador.
Con divisa verde y gris, y en la corrida de la Prensa, si lidiaron estos toros por primera vez en Madrid en junio de 1904.
Cuando el defecto de don Félix se tornó ya un poco pesado, sus contertulios de café del centro encontraron la forma de vengarse. Una mañana, cuando llegó a la tertulia para tomarse el café, don Félix fue abordado por uno de sus amigos ganaderos :
” Un incendio devastó la campiña de Lora anoche. Varios cortijos se quemaron entre ellos el tuyo. Pero no te preocupes, ¡ los mayores estragos los sufriste tú ! “. ¿ Se trataba del cortijo de Azanaque, situado en la ribera izquierda del Guadalquivir, en Lora del Rio.
Don Félix instaló a sus toros en ese cortijo, no lejos de la finca El Rosario, donde dos años más tarde Fernando Parladé iba a llevar parte del ganado bravo que le acababa de comprar a  don Eduardo Ybarra. Separadas desde hacía medio siglo, las dos ramas salidas de Vistahermosa se acercaban geográficamente.
Durante casi quince años, hasta la muerte del ganadero, en 1918, los urcolas formaron parte de las ganaderías favoritas de la afición, debido a su irreprochable presentación y bravura.
En Bilbao debutó en abril de 1908. Grande, dura y brava, esta corrida lidiada por Rafael ” El Gallo “, Cocherito de Bilbao y Pepete quedó grabada en la memoria de la afición gracias a un gran toro “Arrecifero “, el cual tomó siete varas y mató seis caballos. Como el público no dejaba de ovacionar al ganadero ” El Gallo ” le brindó la faena de dicho toro. Cada año partieron de Azanaque lotes tan suntuosamente presentados como esos, y a veces igual de bravos, camino de todas las grandes ferias, Madrid, Sevilla, Barcelona, Bilbao,, San Sebastián, Valencia, Zaragoza….. en tanto que el nombre de Urcola era a los ojos de los aficionados una garantia de autenticidad.
Hacia el final de su vida, don Félix, en un sosprendente acceso de modestia, reconoció que sus toros no siempre eran tan bravos como él lo hubiera deseado, aseverando que el oficio de ganadero era harto difícil, y que si bastase con hacer una selección rigurosa para triunfar ” todos seríamos ganaderos de primer orden “. Una confesión que no impidió que algunos ganaderos, y no de los menos reconocidos, le compraron sementales o camadas enteras de becerras.
Al morir don Félix, su vacada fue vendida a un descendiente de uno de sus propietarios anteriores Curro Molina y Arias de Saavedra, vendiendola en 1926 al popular empresario taurino don Eduardo Pagés.
La Rivera de Campocerrado es una de las zonas más ricas del campo charro, hasta tal punto que uno podría creer que está en otra comarca, por las frondas que abrigan los toros y que evocan las llanura boscosa de los Pirineos Orientales. No obstante, la ilusión se desipa con bastante rapidez, ya que basta con alejarse apenas unos cientos de metros de ese pequeño valle previlegiado, para volverse a topar con la inmensidad de paja seca que anuncia la venida del verano. Los hermanos Bernabé e Ignacio Cobaleda se hicieron con este paraiso en 1898, y desde entonces sus descendientes no lo han soltado.
A lo largo de décadas y matrimonios la rivera se ha dividido en varias propiedades, siendo la más conocida aquella donde Atanasio Fernández, quien se casó con Nati Cobaleda, la hija de Bernabé, inventó un encaste nuevo. Otra parte de este territorio, invisible desde la carretera, ya que está oculta en el corazón mismo del valle, al que accede después de recorrer algunos kilómetros de caminos, fue a parar a manos de otra señorita Cobaleda, Caridad, cuyo esposo José María Galache, le compró en 1930 a Eduardo Pagés la ganadería que éste último acababa de adquirir algunos meses antes a los herederos de Curro Molina y Arias de Saavedra,
Pagés compró la ganadería para hacerle un favor a Curro Molina, con la idea de revenderla cuanto antes, algo que consiguió al cabo de algunos meses. Paco Galache, el venerable ganadero de Hernándinos y tío del ganadero actual contaba que el trato fue laborioso, pero finalmente su padre José María Galache, volvió a pie a Campocerrado con su nueva ganadería, llevando la promesa a Pagés de lidiar todos sus toros en sus plazas durante algunas temporadas. El estado de la vacada no era muy alentador, y no pocos animales murieron en la larga travesía.
Afortunadamente, los ganaderos de ésa época eran de otro temple y José María Galache simplemente dedujo que los que habían sobrevivido al viaje gozaban forzosamente de buena salud, pues la selección natural se había encargado en su lugar de llevar a cabo la inevitable purga, a la que de cualquier manera él hubiera sometido a la vacada con el fín de volver a empezar sobre mejores bases.
Evidentemente, una vez que llegaron al Edén de Campocerrado, los animales se aclimataron sin trabajo, prefiriendo quizá este clima al excesivamente seco de la campiña. Y también evidentemente, Pagés no cumplió su palabra – pero ¿ acaso José María Galache le había creído de verdad ? – e indudablemente tuvo que rematar a contracorriente durante algún tiempo para vender sus toros. Al ser un gran ganadero, solo requirió el tiempo necesario para dotar a sus astados de la misma nobleza intensa que había sabido sacar de su otra vacada.
( Continuará )
Por Mariano Cifuentes
2018-12-06T22:04:43+00:00