Don José de Echevarría y Bengoa, Marqués de Villagodio, compró en 1892 setenta vacas de la ganadería del Duque de Veragua y dos sementales de don Jacinto Trespalacios, ganadería de casta vazqueña, creando así la ganadería “Marqués de Villagodio”. Sus animales pastaban en la finca “San Pelayo”, situada en Coreses, a muy poca distancia de Zamora.

Para hacernos una idea de cómo era su ganadería, podemos leer el siguiente texto que escribe Joaquín Bollsolá en el seminario taurino Sol y Sombra en el año 1903.

 

“El tipo de las reses de Villagodio no puede ser más bonito y acabado, reuniendo todas las condiciones exigidas al ganado destinado a la lidia, marcándose mucho el parecido con el de la ducal vacada. Abundan extraordinariamente las capas berrendas, habiendo, además, ensabanadas, jaboneras, coloradas, cárdenas y  negras, en sus múltiples variedades y combinaciones”.

En 1909 siguió con la línea de Veragua al adquirir un semental del ganadero Víctor Biencinto, y en 1917 agregó a su ganadería dos sementales más, de origen Santa Coloma, con el afán de mejorar la bravura.

A la muerte del marqués, en 1920, sigue la ganadería en poder de sus herederos. La viuda del señor marqués enajena la vacada, en 1924, a los hermanos don Ignacio (Sepúlveda) y don Antonio Sánchez y Sánchez (de Agustínez) (al principio lo llevababn juntos y en 1956 se separan), que varían el hierro. Posteriormente pasó por sucesivos propietarios: Germán Pimentel Gamazo, Ramón Fernández Zúmel, y el navarro César Moreno-Erro, hasta que, en 1990, la adquiere Isabel Núñez que le agrega 100 vacas de su propiedad, procedentes de Carlos Núñez y la vende inmediatamente a una sociedad que la anuncia actualmente a nombre de “Aguadulce” (divisa verde y blanca), cambiando hierro y agregando más hembras de origen Núñez. Nada, pues, de vazqueño aquí.

En 1934, Alfredo y Eduardo Echeverría Victoria de Lecea, hijos del Marqués, compraron la cuarta parte de la ganadería del salmantino Francisco Sánchez, vecino de Coquilla procedente de Albaserrada y Santa Coloma. Después de diez años, la finca San Pelayo volvía a servir de pasto para las vacas. Los toros lo hicieron en El Aguachal, en Medina de Rioseco, hasta el año 1939 que pasaron a los prados de Escuadra, muy cercanos a San Pelayo. La ganadería pasó a llamarse “Villagodio Hermanos”.

 

En 1962, como único propietario Alfredo Echevarría, quien heredó el título de Marqués de Villagodio, adquirió vacas de Lisardo Sánchez y sementales de Antonio Urquijo y Santa Coloma.

En 1984 vendió la ganadería a Sayalero y Bandrés.

Durante las décadas de 1920 a 1950 la ganadería tuvo mucho prestigio en plazas del norte de España como Pamplona, Logroño, San Sebastián y Bilbao, y en plazas francesas, como Mont- de Marsan, Burdeos, Béziers y Dax.

En cuanto a toreros que habitualmente toreaban las corridas de la ganadería podemos citar a Marcial Lalanda, Gitanillo de Triana, Juanito Belmonte, Pepe Luis Vázquez y Luis Miguel Dominguín, con quien Macario, el mayoral, dio la vuelta al ruedo en Valencia en 1947. Belmonteño tomó la alternativa con los de Villagodio en Zamora en el año 1945, triunfando.

 

En la actualidad, la familia Villagodio sigue siendo propietaria de la finca “San Pelayo”, pero casi nada queda de aquel sueño que hizo realidad Don José de Echevarría y Bengoa. Una plaza de tientas derruida,  campos de cultivo en sustitución de los árboles…

Lo único que queda en pureza de Villagodio, ese encaste único y fantástico es lo que tiene el ganadero Ricardo Sánchez García en “Agustinez” muy cerca de Tamames (Salamanca). Unas 50 vacas y 4 sementales son testigos fehacientes de como ha cambiado la tauromaquia.

Es una pena ver el estado en el que se encuentra la plaza cuadrada de tientas, que tantos momentos de gloria dieron a su ganaderos, a Zamora y a los aficionados.

Por Vicente Urones