Una pena enorme que la corrida de Victorino Martín nos haya defraudado por completo porque, como digo, tenían mucha presencia, pero ninguna esencia. Nos han parecido más alimañas que toros bravos. No es menos cierto que, como digo, la presentación ha sido inmaculada; los toros de Alberto Lamelas lucían unas perchas que daban pavor. No ha triunfado Victorino en Madrid y esa es la noticia. Lo digo porque en esta plaza ha logrado éxitos fantásticos, sin ir más lejos este mismo año en Las Ventas en la corrida de inauguración de la temporada. Claro que, tampoco podemos hablar de fracaso pese a que algunos toros han adolecido de fuerzas, lo que evidenciaba su mal comportamiento frente a sus lidiadores. De todos modos, me quedo con el “fracaso” de hoy de Victorino en Madrid antes que la maldita parodia que ayer vimos en Sevilla con los garciburros en que, ese pegapases llamado Roca Rey se puso pesado en aquel arrimón que decían los locutores ante un toro medio muerto antes de entrar a matar y que, para colmo, premiaron con una oreja verbenera, como es la gente de Sevilla. Hoy, por el contrario, pese a que no hemos gozado del triunfo, si hemos visto a tres hombres jugarse la vida de verdad y eso siempre es emocionante.

Todavía guardábamos en nuestras retinas las dos últimas grandes faenas que le hemos visto este año a López Chaves pero, en el día de hoy ha sido todo imposible. No tenía opción alguna en ninguno de sus enemigos. Y mira que este diestro salmantino es torero de buen gusto y mejor ejecución de las suertes pero, siempre hace falta el toro; aunque sea encastado como lo que él suele lidiar, pero con alguna opción que hoy no ha tenido. Se ha jugado la vida en ambos enemigos, no ha dejado nada por hacer y nadie  podrá criticarle en lo más mínimo.

Los dos toros de Alberto Lamelas daban pavor, grima, miedo para asustar al escalafón entero. Las guadañas que lucían era para verlas, de lejos, claro; y Alberto que las ha tenido que ver de tan cerca, siempre tendrá nuestros respetos,  A ambos toros los ha recibido a puerta de toriles, una gallarda forma de jugarse la vida,  parándolos más tarde en el centro del ruedo con una decisión tan admirable como arriesgada. Alberto ha mostrado ese valor a prueba de bombas y, entre ambos toros ha conseguido algunos muletazos de escándalo sin llegar a cuajar porque sus enemigos eran eso, enemigos, nada que ver con las hermanitas de la caridad de El Juli y sus huestes. Han habido algunos naturales marca de la casa, con una verdad tan arrebatadora como auténtica que, por momentos ha hecho vibrar a los aficionados. Importantísima su actuación que, a poco que un toro le hubiera ayudado su triunfo hubiera sido de clamor, lo digo por el momento que este diestro atraviesa que, le valen casi todos los toros. A los de hoy les ha lucido en todos los tercios, honores que dicho toros no merecían pero que la generosidad de este admirable diestro puede con todo. Ha matado de sendas estocadas y ha sido tremendamente ovacionado.

Colombo tampoco ha tenido un lote para echar las campanas al vuelo. Se ha lucido en seis bellísimos pares de banderillas asomándose al balcón, todo un prodigio de banderillero que, por esta circunstancia debería de encontrar hueco en muchos carteles. No es mal torero, todo lo contrario. Pero su lote tampoco ha servido para el triunfo. Lo ha intentado con mayor ahínco en el último de la tarde pero se le ha rajado en pocos momentos y su esfuerzo apenas ha valido para nada.

Disgusto grande el de Victorino Martín que, este año, como denominador común está consiguiendo muchísimos éxitos y que hoy no hayan rodado las cosas en Las Ventas debe ser tristísimo pero, debe de quedarse tranquilo porque ha traído a Madrid una auténtica corrida de toros, nadie se ha aburrido y tres hombres se han jugado la vida de verdad.

En la foto vemos a Alberto Lamelas por gentileza de Cultoro.